El embajador de Cuba en Rusia, Enrique Orta González, puso cifras y duración al alivio que representó para la isla el petróleo enviado por Moscú: una carga de 100.000 toneladas que permitió reducir los apagones durante aproximadamente dos semanas. En una conferencia de prensa celebrada el 19 de octubre en la embajada cubana en Moscú, el diplomático destacó la importancia del cargamento transportado por el Anatoli Kolodkin. «Un gran alivio para nuestro pueblo, ya que durante aproximadamente dos semanas se redujeron los cortes de electricidad», afirmó, según la traducción al español de sus palabras publicadas en ruso por la agencia estatal PRIME. Ese medio también recogió que el embajador identificó al tanquero de bandera rusa como el único buque con petróleo crudo que había llegado a Cuba en 2026 hasta ese momento. Su declaración permite distinguir dos asuntos que suelen confundirse: el beneficio inmediato de una entrega y la continuidad del abastecimiento que necesita el país.
La trayectoria del cargamento ayuda a entender por qué su llegada generó expectativas, pero no podía representar una solución duradera. Granma informó que el Anatoli Kolodkin entró en aguas territoriales cubanas el 30 de marzo y que arribó a la bahía de Matanzas al día siguiente con unas 100.000 toneladas métricas de crudo. En su cobertura del desembarco, el diario oficial reprodujo una nota de prensa que calculaba que ese volumen permitiría sostener el Sistema Eléctrico Nacional y otras actividades económicas durante aproximadamente diez días. También precisó que los primeros derivados comenzarían a distribuirse en la segunda quincena de abril, una vez procesada la materia prima. Esa previsión y las dos semanas de reducción de apagones mencionadas posteriormente por Orta describen aspectos distintos: una estimación inicial del uso del combustible y el alivio observado por el diplomático, no dos garantías de suministro permanente.
Las propias autoridades cubanas habían reconocido desde abril que la donación tenía un alcance limitado, incluso mientras agradecían públicamente el respaldo ruso. «Gracias, Rusia. Gracias, Presidente Putin», expresó Miguel Díaz-Canel en un mensaje reproducido por Granma el 1 de abril, en el que también agradeció a los tripulantes del tanquero. En esa misma declaración, el mandatario sostuvo que el embarque, «aunque insuficiente en medio de la aguda escasez, aliviará de manera gradual la situación en las próximas semanas». El 18 de abril, el periódico informó que ya se distribuían gasolina, diésel, fuel oil y gas licuado obtenidos del procesamiento de la donación, con beneficios para el servicio eléctrico, la salud y la generación distribuida. Dos días después, otra información oficial explicó que el crudo había sido trasladado desde Matanzas hacia la refinería de Cienfuegos en aproximadamente cuatro embarcaciones y que su procesamiento requería entre doce y quince días.
El suministro también debe situarse en el contexto de las medidas adoptadas por Washington contra los países que proporcionen petróleo a Cuba. El 29 de enero, Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, que declaró una emergencia nacional vinculada al Gobierno cubano y estableció un mecanismo para imponer aranceles adicionales a productos procedentes de países que vendan o suministren hidrocarburos a la isla, directa o indirectamente. El texto, publicado por la Casa Blanca, incluye tanto el petróleo crudo como sus derivados y contempla operaciones realizadas mediante intermediarios o terceros países. Sin embargo, no dispone un arancel idéntico y automático para todos los proveedores: establece evaluaciones de los departamentos de Comercio y Estado y una decisión posterior del presidente estadounidense. Mientras Washington presenta la medida como una respuesta a amenazas a su seguridad nacional, Díaz-Canel defendió el «derecho soberano de Cuba a importar combustibles, sin ningún tipo de injerencia ni presiones», lo que refleja el enfrentamiento político alrededor del abastecimiento energético.
El punto central de las declaraciones de Orta es, por tanto, la continuidad: el cargamento ayudó, pero el alivio descrito tuvo una duración concreta y no equivale a un suministro sostenido. La información publicada por PRIME el 19 de octubre no identifica una fecha para otra llegada ni ofrece un calendario de nuevas entregas que permita calcular cuánto combustible ruso podría recibir Cuba después. Tampoco aporta elementos suficientes para atribuir la falta de continuidad a una sola causa, de modo que presentar una explicación definitiva iría más allá de lo documentado. El reconocimiento del embajador y las advertencias formuladas meses antes por las autoridades cubanas permiten plantear el debate sin negar el efecto de la ayuda ni exagerar su alcance. ¿Qué compromisos verificables de volumen y frecuencia harían falta para que una entrega excepcional se convierta en un respaldo energético estable para la población?
