¿Es la crisis del transporte un colapso estructural o una consecuencia del desabastecimiento energético en Cuba?.
La movilidad interprovincial en la isla caribeña atraviesa uno de sus momentos más críticos, condicionando la conectividad terrestre y la vida cotidiana de miles de familias. Un testimonio audiovisual difundido en plataformas digitales por una familia en la terminal ferroviaria de Matanzas visibilizó las severas dificultades logísticas que enfrentan los pasajeros para recorrer las distancias nacionales. En la grabación, dos abuelos relataron que su nieta tardó 28 horas continuas en un trayecto en tren desde las provincias orientales para visitarlos tras un lustro de separación y entregarles medicamentos esenciales. ¿Hasta qué punto la falta de mantenimiento e insumos ha dejado a las provincias incomunicadas frente a emergencias médicas o necesidades familiares? Este hecho ha reavivado el debate ciudadano sobre el estado de los servicios públicos frente a las opciones comerciales privadas.

El testimonio familiar describió las precarias condiciones de las travesías sobre rieles y las reducidas frecuencias de los convoyes de pasajeros. Al recordar su propia experiencia en las líneas ferroviarias, el abuelo expresó: «Tuve la amarga experiencia de viajar en un tren y me pasé tres días. Un recorrido que no llegaba a 700 kilómetros». La mujer explicó que los trenes con itinerario hacia el oriente cubano operan con salidas espaciadas cada 16 días desde la estación matancera, restringiendo drásticamente la capacidad de viaje de los usuarios. Asimismo, los afectados denunciaron que la terminal de ómnibus debió reubicarse en el recinto ferroviario debido al riesgo de derrumbe de su sede original. Ante la falta de pasajes estatales, las alternativas privadas o arrendadas exigen desembolsos que superan los 20.000 pesos cubanos, equivalentes a varias veces el salario promedio mensual.
La frustración ciudadana ante las desigualdades en el acceso al combustible quedó patente en las declaraciones de los afectados durante la filmación. La abuela cuestionó la disparidad de recursos entre las distintas modalidades de traslado al manifestar: «Para esa sí hay combustible, pero para el pueblo no hay nada». Respecto al esfuerzo realizado para asegurar el arribo de su nieta con insumos clínicos, la mujer añadió: «A ella le tocó pasar 28 horas de martirio en este tren, pero gracias a Dios ya está aquí con nosotros». Los protagonistas recordaron que Cuba inauguró su primer ferrocarril en 1837, siendo pionera en Iberoamérica antes que la metrópoli española. Al contrastar ese pasado con el presente, el hombre ironizó: «Díganme si en su país los trenes son tan lentos como estos de aquí, porque estos son tortugas».
Las quejas de los usuarios coinciden con los balances oficiales presentados por las autoridades del sector gubernamental. En declaraciones concedidas a la agencia internacional Reuters, el ministro de Transporte de Cuba, Eduardo Rodríguez Dávila, admitió que el sistema estatal experimenta uno de sus niveles históricos más deprimidos. El funcionario reconoció formalmente que «se ha producido un descenso notable en los principales servicios», estimando que los viajes de pasajeros caerán un 75 por ciento en 2026 frente al periodo previo. Rodríguez Dávila precisó además que los traslados interurbanos y de trabajadores sufrieron una contracción del 90 por ciento. Los datos ministeriales revelan que las rutas nacionales de ómnibus pasaron de más de 100 a solo 21 activas, mientras que las salidas diarias desde La Habana cayeron de 419 a apenas 11 despachos.

La parálisis del parque automotor y ferroviario impacta directamente en las cadenas de suministro de bienes de primera necesidad. En diversas regiones del país, el traslado de fármacos, alimentos básicos y cargas industriales se encuentra severamente restringido por la escasez de diésel y gasolina. Informes del sector proyectan que la transportación nacional de carga caerá a unos 20 millones de toneladas este año, frente a los 70 millones movilizados en 2025. Esta situación obliga a los ciudadanos a recurrir a redes informales y viajes compartidos a precios elevados para hacer llegar víveres y medicinas a sus parientes en otras provincias. ¿Puede un país sostener su dinámica económica y sanitaria cuando el movimiento logístico interprovincial se encuentra prácticamente detenido?
Como respuesta ante el déficit de hidrocarburos, el Ministerio de Transporte ha promovido la transición hacia la movilidad eléctrica mediante la incorporación de motos, triciclos y autos particulares. El titular del ramo informó que circulan en el país cerca de 150.000 vehículos eléctricos, aunque reconoció que esta alternativa «conlleva un alto coste de inversión» y avanza más rápido que la generación de energía renovable. Para mitigar las recargas dependientes del Sistema Eléctrico Nacional, el gobierno anunció la adquisición de 60 estaciones de carga solar que serán distribuidas en el territorio. Sin embargo, analistas independientes sostienen que estas medidas resultan insuficientes para resolver la demanda de transporte masivo de pasajeros y carga pesada entre provincias.
El dilema sobre el transporte público enfrenta visiones encontradas sobre las causas de su declive estructural. Mientras la administración central atribuye el desplome a las sanciones financieras internacionales y la interrupción en las importaciones de crudo, diversos sectores sociales demandan una asignación más equitativa y transparente del combustible disponible. ¿Logrará el plan de electrificación y ajuste de itinerarios restablecer la conexión territorial o continuará profundizándose el aislamiento entre las provincias cubanas? La recuperación del transporte sobre rieles y carreteras sigue siendo un desafío crucial para la cohesión social y el bienestar de las familias en la isla.
