Una semana después de los terremotos que golpearon con fuerza a Venezuela, el gobierno interino decretó siete días de duelo nacional en medio de una tragedia que todavía se está contando. La medida llega cuando siguen las búsquedas entre escombros, aumentan las críticas por el acceso a la ayuda y miles de familias continúan esperando noticias de sus seres queridos. ¿Es suficiente un duelo nacional cuando todavía hay reclamos por rescates, hospitales saturados y comunidades que dicen sentirse solas?
Según el balance oficial citado, los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 dejaron hasta ahora 1.943 muertos y al menos 10.571 heridos, además de daños severos en el norte del país, especialmente en La Guaira. El anuncio se hizo a través de Telegram, donde Delcy Rodríguez afirmó que “el alma de Venezuela está desgarrada por las pérdidas humanas causadas por los devastadores terremotos” e informó también “siete días de vigilia nacional” en homenaje a las víctimas.

El decreto aparece en un clima de malestar creciente entre los damnificados. En distintos sectores, organizaciones civiles, voluntarios y habitantes afectados han denunciado obstáculos para hacer llegar asistencia, mientras vecinos cuestionan la respuesta de las autoridades y aseguran que, en muchos casos, el rescate inicial dependió sobre todo de familiares, socorristas internacionales, rescatistas voluntarios y organizaciones humanitarias. La propia noticia recoge que, junto al duelo, también se abrió una discusión sobre la presencia real del Estado en las zonas más golpeadas.
A nivel humanitario, el panorama sigue siendo delicado. El reporte señala que más de 80.800 familias han recibido algún tipo de asistencia y que en las labores participan 26.121 efectivos venezolanos, además de 3.660 rescatistas llegados de otros países, 148 perros especializados y 49 vehículos de apoyo. También se indica que 15.467 personas se han inscrito como voluntarias, una cifra que muestra tanto la magnitud de la crisis como la respuesta solidaria que se ha activado dentro y fuera del país.
La dimensión económica también empieza a dibujarse con más claridad. Una evaluación preliminar del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estima daños por unos 6.700 millones de dólares, una cifra que podría subir conforme avancen las inspecciones. Mientras tanto, la OPS pidió 24 millones de dólares para los primeros seis meses de respuesta sanitaria y advirtió, por voz de su director Jarbas Barbosa, que “la emergencia sanitaria está entrando en una nueva fase”, con hospitales presionados y riesgo creciente de brotes. ¿Cómo se sostiene un duelo nacional cuando al mismo tiempo hay heridos, desplazados, ayuda que aún no llega a todos y una reconstrucción que apenas comienza?
