Roberto Perdomo puso sobre la mesa una realidad que va mucho más allá de su caso personal: en Cuba, incluso volver al teatro puede convertirse en una decisión económica insostenible. El actor explicó en una entrevista para Cubamastv que ha tenido que rechazar invitaciones para subirse a escena porque el gasto en transporte le consume prácticamente todo el salario antes de llegar al ensayo o a la función. Su frase más dura fue directa: “se me va el salario en transporte”, una idea que resume el choque entre el amor por el oficio y las condiciones materiales que hoy enfrentan muchos artistas.

Perdomo detalló que recibió al menos dos invitaciones recientes para trabajar en teatro, pero en ambos casos tuvo que decir que no por la misma razón. Una de ellas fue para protagonizar “Antígona”, propuesta de su amiga Linda Soriano, del grupo Impulso, y la otra para la obra “Manteca”. El problema no era solo llegar a una primera cita artística, sino poder sostener los traslados de ida, regreso y ensayos durante varias semanas, algo que él describió como imposible con los medios de movilidad disponibles. En su relato, la logística diaria dejó de ser un detalle y pasó a convertirse en el principal obstáculo para seguir trabajando.
El actor explicó además que la falta de transporte no afecta solo a quienes se mueven por gusto o conveniencia, sino a un sistema completo que hoy depende de soluciones informales y caras. En la práctica, muchos cubanos terminan recurriendo a triciclos eléctricos privados o a servicios de transporte informal que pueden costar cientos de pesos por trayecto, cifras que vuelven inviable cualquier actividad cultural mal pagada. En su caso, Perdomo habló de números muy concretos: calculó que entre cuatro fines de semana de trabajo y varios días de ensayo, el dinero del salario se iría íntegro en movilidad. Esa cuenta lo llevó a una conclusión tajante: “me sacrifico”, dijo, al explicar que no se trata de falta de interés, sino de imposibilidad real.
La entrevista también abrió otra discusión sensible: la distancia entre los salarios oficiales y el costo real de la vida diaria. Perdomo mencionó la Resolución 4/2026 del Ministerio de Trabajo, que fija ingresos para artistas de teatro en una banda que va de 3.260 a 5.560 pesos mensuales, una cifra que luce baja frente al precio del transporte informal y del combustible en el mercado no regulado. En esa misma línea, el funcionario del Banco Central de Cuba citado en información oficial ha defendido la bancarización como un paso “necesario”, pero reconoció dificultades en el uso de efectivo, la circulación del dinero y el cumplimiento de las normas vigentes. En contraste, el propio testimonio del actor deja una pregunta abierta: ¿cómo se sostiene una vida artística cuando el costo de moverse ya supera la recompensa de actuar?
A todo esto se suma el problema de la bancarización, que Perdomo criticó con dureza al decir: “Yo le puse mierdarización porque no ha servido de nada”. Su molestia no es aislada: documentos oficiales del Banco Central y reportes institucionales han reconocido dificultades en cajeros, depósitos, límites de efectivo y en la aceptación real de los pagos electrónicos por parte de comercios y actores económicos. En otras palabras, el dinero existe en pantalla, pero no siempre sirve para resolver la vida cotidiana, especialmente cuando el transporte, la comida o los servicios informales exigen efectivo. Por eso, su frase final, “me siento como se sienten 8 millones de personas”, termina funcionando como una síntesis social más amplia que una simple queja personal.
