Las falsas ventas de combustible en Cuba se han convertido en un terreno fértil para estafas que aprovechan la desesperación de quienes buscan gasolina, diésel o incluso isotanques en medio de la escasez. Según las alertas divulgadas por empresas y plataformas oficiales, hay cuentas que suplantan identidad, usan logotipos parecidos a los reales y publican ofertas llamativas en redes sociales para atraer a usuarios confiados. En algunos casos, el engaño no solo busca dinero rápido, sino también datos personales, acceso a aplicaciones o incluso control de cuentas digitales vinculadas al teléfono de la víctima. ¿Hasta qué punto una necesidad básica puede terminar convirtiéndose en la puerta de entrada para un fraude bien montado?

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Una de las piezas más claras del problema es la denuncia de la Corporación Cimex, que advirtió sobre perfiles falsos que decían ofrecer combustible e isotanques mediante canales que no correspondían a la empresa. La entidad fue tajante al señalar que cualquier mensaje o gestión fuera de sus canales oficiales era falso, y que no realizaba ventas mayoristas de ese tipo por redes sociales. En paralelo, la plataforma Ticket también alertó sobre una aplicación fraudulenta que imitaba su imagen y prometía vender combustible desde el exterior, algo que la empresa negó de forma explícita. Ese tipo de suplantación resulta especialmente peligroso porque mezcla apariencia de legitimidad con urgencia, dos elementos que suelen hacer caer a muchas personas.

El fenómeno no se limita a una sola estafa aislada, sino que forma parte de una cadena más amplia de irregularidades alrededor del combustible en la isla. La policía llegó a detener a 16 personas en La Habana por venta ilegal de turnos y acaparamiento en servicentros, mientras otras investigaciones mostraron negocios de reventa montados incluso desde viviendas particulares. Eso ayuda a entender por qué el mercado informal y el fraude digital se alimentan entre sí: cuando conseguir combustible legalmente es difícil, el engaño encuentra espacio para crecer. En ese contexto, no es raro que circulen anuncios de gasolina “a domicilio”, depósitos por adelantado o promesas de entrega rápida que en realidad esconden una trampa.

Las autoridades y empresas insisten en que la mejor defensa es verificar siempre la fuente, desconfiar de ofertas fuera de los canales establecidos y no entregar dinero o información personal sin comprobar primero la autenticidad del vendedor. Ticket, por ejemplo, recordó que sus cobros autorizados se hacen solo por vías oficiales y que cualquier solicitud en dólares o por aplicaciones no verificadas debe verse como una señal de alarma. El problema es que la urgencia cotidiana muchas veces empuja a la gente a responder rápido, justo lo que buscan los estafadores. Por eso, más que una simple advertencia, este caso revela cómo la combinación de crisis, necesidad y redes sociales ha convertido la venta de combustible en un espacio especialmente vulnerable.

Lo preocupante es que el mismo patrón se repite: perfiles falsos, nombres parecidos a los oficiales, mensajes urgentes y promesas de resolver un problema real en poco tiempo. Mientras tanto, las denuncias públicas y los operativos contra la reventa muestran que el combustible sigue siendo uno de los bienes más disputados y más fáciles de usar como gancho para estafar. La gran pregunta es si el sistema podrá cerrar esas grietas o si cada nueva escasez seguirá abriendo un espacio para otro fraude.