La decisión de retomar la docencia centralizada para estudiantes de primero y segundo año de la Facultad de Medicina de Santiago de Cuba ha generado cuestionamientos entre alumnos que denuncian falta de alimentación, transporte, agua y alojamiento. Según un comunicado interno citado por Martí Noticias, las clases y la práctica preprofesional deben reiniciarse en la sede central el lunes 31 de agosto, a las 8:00 de la mañana. La residencia estudiantil prevé recibir a estudiantes procedentes de varios municipios, incluidos Songo-La Maya, Mella, Palma Soriano y San Luis, mientras los cursos de tercero, cuarto y quinto año mantendrán la formación descentralizada en sus localidades. La disposición revierte la modalidad aplicada durante el curso anterior, cuando las dificultades de combustible y comida llevaron a ubicar a los alumnos en sus municipios de origen.
Un estudiante que pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias resumió la preocupación con una serie de preguntas: “¿Con qué comida nos van a abastecer, con qué aseo, con qué agua, con qué transporte nos vamos a mover?”. El alumno cuestionó además la posibilidad de regresar a sus hogares durante el curso, ante un escenario en el que el costo de un pasaje puede superar la mitad del salario de un trabajador, según su testimonio. La inquietud no se limita al traslado hacia Santiago de Cuba, sino que incluye la permanencia diaria en la facultad y el acceso a necesidades básicas durante el período lectivo. ¿Cómo podrá funcionar el retorno a la sede si quienes deben asistir sostienen que no existen garantías claras para comer, dormir, trasladarse y mantener una higiene elemental?
El componente económico es otro de los puntos centrales del reclamo estudiantil. La fuente consultada afirmó que el estipendio mensual para los alumnos es de 200 pesos, una cifra que comparó con el precio aproximado de una pizza, calculado por él en 300 pesos. “El año pasado nunca lo pagaron”, denunció, al referirse a esa asignación, y añadió que un viaje puede costar alrededor de 500 pesos en un contexto en el que, aseguró, “no hay efectivo en la calle” y muchos transportistas no aceptan transferencias. Estas declaraciones describen una brecha considerable entre los gastos que supone estudiar de forma centralizada y los recursos disponibles para muchos jóvenes.
La administración de la Facultad de Medicina ha defendido el retorno con el argumento de que “ya estaban las condiciones dadas”, pero los estudiantes consultados discrepan de esa valoración. De acuerdo con el testimonio, durante una reunión la decana afirmó que se trata de “un momento histórico” y que “hay que resistir”, mientras otros directivos indicaron que analizarían los puntos favorables y desfavorables de la decisión. Las autoridades también habrían exhortado a los alumnos a adaptarse, recordando que otras generaciones cursaron sus estudios en circunstancias complejas. Martí Noticias señaló que intentó contactar al vicerrector César Igarza para conocer una versión institucional más amplia, pero no logró establecer comunicación.
La inconformidad tiene una consecuencia que trasciende la organización académica: varios alumnos estarían valorando abandonar la carrera. “Muchos compañeros míos están pensando en pedir la baja porque de verdad no se puede”, dijo el estudiante entrevistado, reflejando el impacto que las carencias pueden tener sobre la formación de futuros médicos. La situación abre una discusión de interés público sobre la planificación universitaria, la protección de los estudiantes y la capacidad real de garantizar condiciones mínimas para sostener los estudios de Medicina. Mientras se acerca la fecha del regreso, queda por saber si la facultad precisará soluciones concretas en alimentación, transporte, alojamiento, agua y pagos pendientes, o si los reclamos continuarán creciendo entre quienes deben prepararse para atender la salud de otros.
