¿Es el apoyo desde el exterior la única vía de supervivencia en los hogares cubanos?.
La rutina matutina de millones de familias en la isla caribeña se ha transformado en un desafío constante marcado por la escasez de recursos energéticos básicos. En un testimonio difundido a través del espacio digital En la Voz de Ellas, la actriz y activista Daily Fortún Sosa expuso cómo la falta de gas licuado y electricidad condiciona el inicio de cada jornada en Camagüey. La creadora describió que su jornada arranca a las seis de la mañana encendiendo carbón mediante materiales improvisados para alimentar a su pequeño. ¿Hasta qué punto las dificultades materiales del entorno doméstico han redefinido las dinámicas de subsistencia en las distintas provincias del país? Este relato ha reabierto el debate social en torno a la profunda brecha económica entre quienes perciben ingresos locales y quienes cuentan con respaldo familiar en el extranjero.
El empleo del carbón vegetal, que tradicionalmente constituía una alternativa para contingencias extraordinarias, se ha consolidado como el recurso predominante en numerosos hogares ante las prolongadas interrupciones del fluido eléctrico. Sobre este esfuerzo diario, la autora narró: «Aquí mi día comienza prendiendo el carbón con nylon, papeles de libreta y soplidos, muchos soplidos. A las seis de la mañana, inclinada sobre la brasa incipiente, con las manos negras, para hacerle el desayuno a mi hijo». La adquisición de este insumo representa un impacto significativo para los presupuestos domésticos, alcanzando valores de varios miles de pesos por saco en los circuitos de abastecimiento informal. Asimismo, las inclemencias climáticas complejizan su obtención habitual, dado que la humedad imposibilita la compra y el encendido de este combustible sólido. Cuando las condiciones impiden cocinar, las familias se ven obligadas a buscar alimentos elaborados de manera eventual, lo cual implica gastos difícilmente sostenibles a largo plazo.
El acceso al gas licuado de petróleo presenta un escenario aún más restrictivo debido a las marcadas discrepancias entre las asignaciones oficiales y el mercado no regulado. Según los datos recopilados en el relato, un cilindro pequeño de siete kilogramos puede cotizarse en torno a los 109 dólares estadounidenses en el interior del país. Con un tipo de cambio informal que ha alcanzado los 800 pesos por divisa extranjera, el costo unitario de una bombona supera los 87.000 pesos cubanos. En contraste, los informes de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) fijaron el salario medio estatal de 2025 en 6.930 pesos, situándose recientemente en unos 7.354 pesos, lo que equivale a menos de nueve dólares mensuales al cambio no oficial. ¿Cómo pueden los trabajadores asalariados asumir productos básicos cuyo valor comercial excede holgadamente la remuneración acumulada durante todo un año laboral?
A las tensiones vinculadas con el suministro de combustibles se añade el progresivo deterioro de las redes de servicios públicos en los entornos residenciales. El testimonio hace hincapié en el estado físico de los postes del tendido eléctrico y la acumulación de desechos en las vías públicas urbanas. Respecto a esta situación ambiental, Fortún Sosa observó: «Es muy común ver postes de la corriente podridos y a punto de caerse. Hoy pasé cerca de uno inclinado de manera antinatural, rodeado de basura que no dejaba ver el quiebre en la base. Debajo jugaban unos niños». Este escenario de vulnerabilidad estructural incrementa la preocupación comunitaria respecto a la seguridad ciudadana y la calidad de vida en las zonas periféricas. La coincidencia de averías técnicas y limitaciones logísticas profundiza la sensación de desprotección entre los residentes locales.

En el núcleo de su reflexión, la activista enfatizó la marcada dependencia económica respecto a las transferencias y remesas procedentes del exterior. Sobre esta realidad, sentenció de forma categórica que «sobrevive quien tiene a alguien afuera, alguien que vive del otro lado del mar». La autora argumentó que este canal externo constituye prácticamente el único mecanismo viable para sufragar paquetes de víveres esenciales, pagar cilindros de gas o asegurar fármacos indispensables. Esta afirmación plantea interrogantes cruciales sobre la equidad social en un contexto donde el poder adquisitivo se fragmenta en función de los vínculos transnacionales. ¿Qué alternativas reales de bienestar conservan aquellos núcleos familiares que no disponen de parientes o allegados emigrados?
La problemática socioeconómica se encuentra estrechamente vinculada a las dinámicas demográficas que atraviesa la sociedad insular en los últimos años. Las estimaciones oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) computan una población residente inferior a los 9,5 millones de personas. No obstante, análisis independientes elaborados por expertos en demografía sugieren que la población efectiva que permanece en el territorio podría rondar los ocho millones tras el intenso éxodo migratorio reciente. El contraste entre las cifras administrativas y la realidad territorial evidencia el impacto del flujo poblacional hacia otras latitudes. Esta salida sostenida de capital humano influye directamente en la fuerza laboral activa y en el sostén intergeneracional del país.
Pese al complejo panorama descrito, el mensaje concluye destacando el arraigo cultural y la resistencia cotidiana de quienes continúan residiendo en la isla. Al abordar la decisión de permanecer en su entorno natal, Fortún Sosa reflexionó: «Muchos se van o sueñan con irse. Otros nos quedamos, y no por falta de razones para irnos: este es nuestro país, y no es el país lo que nos está matando. Aquí no hay quien viva. Sin embargo, mañana a las seis volveré a armar la hornilla de carbón, volveré a soplar la brasa para preparar el desayuno de mi hijo». Este testimonio sintetiza las contradicciones, afectos y desafíos diarios de las madres cubanas que enfrentan la precariedad material sin renunciar a sus afectos comunitarios. ¿De qué manera evolucionará la cohesión social ante un costo de vida que supera las capacidades del ingreso ordinario?
