“¿Avance real o pausa táctica? Trump dice que las conversaciones con Irán van “muy bien”.”

Donald Trump aseguró que las conversaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos en Doha avanzan “muy bien”, en un momento en que ambas partes intentan cerrar un acuerdo tentativo tras el fin de las hostilidades. El presidente dijo que la “desnuclearización de Irán avanza bien” y añadió que han tenido “reuniones muy buenas”, aunque también recordó que “los golpeamos muy fuerte”. La negociación se desarrolla a través de mediadores de Qatar y Pakistán, sin encuentros directos de alto nivel entre las dos delegaciones. ¿Estamos ante un paso serio hacia un acuerdo o ante otra tregua frágil en una región que nunca termina de calmarse?

Trump aborda el miércoles el nuevo Air Force One, regalado por Catar, en la Base Andrews, Maryland, en medio de conversaciones indirectas con Irán en Doha. (REUTERS/Kylie Cooper)
Trump aborda el miércoles el nuevo Air Force One, regalado por Catar, en la Base Andrews, Maryland, en medio de conversaciones indirectas con Irán en Doha.

En Doha, el papel de Qatar es clave porque actúa como mediador mientras se discuten los detalles técnicos del pacto. Según la información disponible, el viceministro iraní Kazem Gharibabadi se reunió con el primer ministro catarí, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman bin Jassim Al Thani, antes de una sesión trilateral con mediadores paquistaníes. Además, el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner conversaron el martes con el primer ministro de Qatar para preparar el terreno de las negociaciones del miércoles. La secuencia muestra que, más que una cumbre pública, lo que hay es una red de contactos discretos para evitar un colapso del diálogo. ¿Puede una negociación tan indirecta sostener un acuerdo duradero?

Irán, sin embargo, no da su visto bueno sin condiciones concretas. El negociador jefe Mohammad Bagher Ghalibaf señaló como prioritarios los artículos 1, 4, 5, 10 y 11 del acuerdo, y ligó la implementación plena a cinco puntos que considera esenciales. Entre ellos está la liberación de fondos congelados, la retirada israelí del sur del Líbano y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense. Ghalibaf afirmó que unos 12.000 millones de dólares de los 24.000 millones bloqueados serían liberados, aunque funcionarios estadounidenses sostienen que no habrá acceso a esos recursos hasta que Teherán cumpla sus compromisos. ¿Quién cederá primero cuando el dinero congelado y la seguridad regional están sobre la misma mesa?

La dimensión militar sigue interfiriendo en el proceso diplomático. Pese al acuerdo negociado por Washington entre Israel y Líbano, el ejército israelí atacó a un operativo de Hezbollah en Manzala, en el sur libanés, cerca de la llamada zona de seguridad donde fuerzas israelíes seguían operando. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, dijo que su ejército permanecerá “indefinidamente” en esas zonas de seguridad en Líbano, Siria y Gaza. Esa postura choca de frente con la exigencia iraní de retirar tropas israelíes del sur del Líbano como condición para un acuerdo definitivo. ¿Cómo se negocia una paz parcial cuando al mismo tiempo continúan los ataques y las posiciones militares se endurecen?

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, en el resort Buergenstock, cerca de Lucerna, Suiza, el 20 de junio de 2026. (URS FLUEELER/Pool via REUTERS)
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, en el resort Buergenstock, cerca de Lucerna, Suiza, el 20 de junio de 2026.

El frente marítimo también forma parte del pulso entre ambos países. Omán entregó una propuesta a Estados Unidos y otros aliados para que las navieras paguen tarifas de servicio por usar el Estrecho de Ormuz, mientras medios estatales iraníes informaron de que un buque encalló tras no seguir la ruta aprobada por Teherán. Aunque el tráfico por esa vía se mantiene estable, sigue muy por debajo de los niveles previos a la guerra. Qatar, por su parte, advirtió que cualquier liberación de activos iraníes deberá pactarse directamente entre las partes, lo que vuelve a poner el foco en el dinero congelado como pieza central del acuerdo. ¿Podrá cerrarse un entendimiento si todavía faltan consensos sobre mar, fondos, tropas y verificación?

En conjunto, el proceso refleja una negociación que avanza, pero sobre bases muy frágiles. Trump transmite optimismo, Irán exige garantías y Qatar intenta sostener el puente entre dos gobiernos que siguen desconfiando profundamente uno del otro. Los intercambios técnicos, las reuniones con mediadores y las condiciones económicas muestran que el acuerdo todavía está lejos de ser definitivo. También dejan claro que cualquier paso en falso puede devolver la crisis al punto de partida. La gran pregunta es si Doha está viendo nacer una salida política o simplemente la antesala de otra ronda de tensión.