Cuba abandona la sala de la ONU: ¿un gesto de protesta ante la nueva presión de Trump?

La delegación cubana se retiró de la Asamblea General de Naciones Unidas durante el discurso del presidente estadounidense Donald Trump, después de que este calificara a Cuba como un “Estado absolutamente fallido”. La salida ocurrió el 22 de septiembre en Nueva York, mientras el mandatario exponía la estrategia de su administración para impulsar un cambio político en la isla. Al menos cuatro integrantes de la representación de La Habana fueron vistos abandonando el salón en señal de protesta. Medios internacionales que cubrían la sesión registraron el momento y coincidieron en que la retirada coincidió con las referencias directas de Trump a Cuba. La escena volvió a evidenciar la distancia política y diplomática entre ambos gobiernos en uno de los foros multilaterales más importantes del mundo.

Trump afirmó ante la Asamblea General que su gobierno busca “un cambio fundamental en la situación en Cuba”. El presidente sostuvo que el sistema comunista cubano se encuentra bajo una presión que describió como la mayor de su historia. “Es un Estado absolutamente fallido. Y caerá”, declaró durante su intervención ante representantes de numerosos países. También afirmó que “la libertad llegará a Cuba”, vinculando su postura con el objetivo de promover transformaciones en el país caribeño. Estas expresiones representan la posición de la administración estadounidense, no una conclusión de Naciones Unidas ni una decisión adoptada por la Asamblea General.

El mandatario estadounidense también planteó una preocupación de seguridad nacional. Trump dijo que Washington no permitirá que Cuba se convierta en un lugar desde el cual “adversarios extranjeros” puedan amenazar a Estados Unidos. “No permitiremos un paraíso para que adversarios extranjeros amenacen a Estados Unidos a nuestras puertas”, señaló. La declaración no identificó países, organizaciones, instalaciones ni hechos concretos que sustentaran esa acusación en el momento del discurso. En diplomacia, afirmaciones de esta naturaleza pueden tener consecuencias relevantes porque vinculan la política hacia Cuba con debates más amplios sobre seguridad hemisférica, alianzas internacionales y presencia de actores externos en el Caribe. ¿Qué evidencia presentará Washington para respaldar esas preocupaciones y qué respuesta ofrecerá La Habana ante esta acusación?

Trump situó al secretario de Estado, Marco Rubio, como una figura central de la política estadounidense hacia Cuba. Durante su discurso, afirmó que Rubio “está liderando las negociaciones” y añadió: “Veremos qué ocurre”. Sin embargo, el presidente no precisó quiénes participan en esos contactos, qué objetivos se discuten, dónde tienen lugar ni si existe algún cronograma para posibles acuerdos. La mención introduce una aparente contradicción entre una política de máxima presión pública y la posibilidad de canales de comunicación o negociación. El canciller cubano Bruno Rodríguez había señalado a comienzos de septiembre que no existían negociaciones formales con Washington, aunque reconoció que ambos gobiernos mantienen determinadas vías de contacto.

Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel rechazó las afirmaciones del presidente estadounidense a través de mensajes publicados en X. “Incapaz de justificar el castigo contra el pueblo de Cuba y su guerra económica genocida, el presidente de Estados Unidos repite en la ONU que Cuba representa una amenaza”, escribió el mandatario cubano. También sostuvo que “la mentira es el recurso de quienes se niegan a aceptar el derecho a la libre determinación del pueblo cubano”. Díaz-Canel no comentó específicamente la salida de los delegados del recinto, pero centró su respuesta en la política estadounidense y en la defensa de la soberanía nacional. Sus declaraciones reflejan la postura oficial cubana, que describe las sanciones de Washington como un bloqueo económico y rechaza que Cuba represente una amenaza para Estados Unidos.

Miguel Díaz-Canel rechazó en X las acusaciones de Trump y denunció la política económica estadounidense contra Cuba. (Publicación de X: Miguel Díaz- Canel)

Bruno Rodríguez Parrilla respaldó esa línea y afirmó que Estados Unidos no acepta que Cuba sea “un país plenamente independiente y soberano”. El ministro de Relaciones Exteriores señaló que “ninguna de las falsedades del presidente de Estados Unidos en la ONU y ninguna calumnia pueden ni podrán negar ese hecho”. El canciller insistió en que Cuba no constituye una amenaza para Estados Unidos ni para otros países. También calificó el embargo y las restricciones energéticas denunciadas por La Habana como un “acto de genocidio y castigo colectivo”. Estas declaraciones muestran que la respuesta cubana no busca solo refutar las palabras de Trump, sino encuadrar el conflicto como una disputa por soberanía, sanciones y el derecho de cada país a definir su sistema político.

La retirada de la delegación cubana tuvo un impacto simbólico inmediato, pero todavía no permite medir las consecuencias prácticas del discurso. No se anunciaron acuerdos, nuevas sanciones, plazos de negociación ni decisiones concretas durante la intervención de Trump. Tampoco existe información pública suficiente para confirmar el alcance de las conversaciones a las que aludió el presidente estadounidense. La próxima intervención de Bruno Rodríguez ante la Asamblea General, prevista para el 26 de septiembre, podría ofrecer una respuesta más amplia de Cuba ante las afirmaciones de Washington. Por ahora, el episodio deja una pregunta abierta: ¿la presión pública y los contactos reservados conducirán a un nuevo ciclo de confrontación o a un canal de diálogo con objetivos definidos?