La respuesta está en marcha: Díaz-Canel cita la utopía, pero no explica cómo se sale de la crisis. En una entrevista reciente con RT en Español, el mandatario fue interrogado directamente sobre si Cuba puede superar el momento crítico que atraviesa y eligió recurrir a una imagen literaria en lugar de describir un programa concreto de recuperación. «La utopía está en el horizonte. Cuando caminamos dos pasos, la utopía retrocede dos pasos. Y el horizonte se adelanta en diez pasos. ¿Para qué sirve la utopía? Para caminar. Yo diría que la esperanza es lo mismo», afirmó, trasladando la conversación del terreno económico y social al de la esperanza abstracta. La formulación deja abierta una pregunta clave: ¿es suficiente “caminar” cuando la población enfrenta apagones, escasez y salarios que no alcanzan para vivir?
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La referencia de Díaz-Canel retoma la cita original del cineasta argentino Fernando Birri, popularizada por Eduardo Galeano en “Las palabras andantes”, donde la utopía se describe como un horizonte que se aleja a medida que avanzamos, pero que impulsa el movimiento. En su versión, Birri decía: «Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar». El sentido filosófico original pone el énfasis en los ideales como fuerza que empuja a las sociedades a seguir intentando cambiar, aún sabiendo que la perfección no es alcanzable. Sin embargo, trasladar esa idea a una discusión sobre crisis concreta, con datos de caída del PIB, inflación y desabastecimiento, provoca otra lectura posible: la esperanza se convierte en una especie de argumento para seguir resistiendo sin garantías de mejora. ¿Hasta qué punto un país en emergencia puede aceptar que su horizonte de bienestar sea, por definición, inalcanzable?

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El escenario en que se pronuncia la metáfora está marcado por tensiones económicas y energéticas profundas. En la misma entrevista, el presidente reconoció que «hace seis meses que no llega un barco de combustible, solo llegó un barco ruso», mientras Cuba necesita diariamente entre 90,000 y 110,000 barriles de petróleo y produce internamente alrededor de 40,000, lo que deja una brecha difícil de cubrir. La crisis del suministro venezolano, agravada por los acontecimientos políticos recientes en ese país, ha reducido drásticamente las importaciones de crudo y ha provocado apagones extensos, parálisis en el transporte y afectaciones en sectores como la salud y la educación. Organismos internacionales y medios globales han advertido que el país enfrenta una de sus peores coyunturas en décadas, con riesgo de deterioro humanitario si no se estabiliza el flujo de combustible y no se reactivan fuentes de ingresos externos. Ante este contexto, la elección de responder con una imagen poética plantea otra cuestión: ¿cómo se traduce esa “esperanza que sirve para caminar” en acciones concretas para garantizar electricidad, alimentos y transporte?

En el plano interno, el gobierno ha anunciado medidas que, sobre el papel, buscan amortiguar la situación, pero cuyo impacto real es muy discutido dentro y fuera de la isla. El salario mínimo del sector presupuestado pasó de 2,100 a 3,210 pesos mensuales, un incremento cercano al 53%, que se extiende al resto de escalas salariales estatales, mientras el dólar en el mercado informal se sitúa entre 660 y 695 pesos, haciendo que ese ingreso equivalga aproximadamente a entre 4.65 y cinco dólares mensuales. Esta relación entre salario y tipo de cambio ilustra la brecha entre los anuncios y la capacidad real de compra de la mayoría de los trabajadores. Además, Díaz-Canel aseguró que se aplicarán 121 de las más de 170 transformaciones económicas aprobadas antes de que finalice julio, “priorizando jubilados y personas en situación de vulnerabilidad”, y mencionó contactos con empresas de América Latina, Europa y Asia interesadas en invertir, que según él “no se ventilan públicamente” por la presión estadounidense. La ciudadanía, sin embargo, sigue preguntándose: ¿cómo se evalúan esos cambios?, ¿qué resultados verificables dejan en la mesa de cada familia?, ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un modelo que promete reestructuraciones sin mostrar, paso a paso, sus efectos concretos?

Otro aspecto significativo es el uso de RT como plataforma para este mensaje y el rol del entrevistador. Oliver Zamora, corresponsal en La Habana del medio ruso y figura recurrente en la televisión estatal cubana, fue quien preguntó si había esperanzas “a pesar de todo”, y recibió como respuesta la famosa metáfora, en lugar de una descripción detallada de medidas específicas en temas como precios, producción de alimentos o apertura económica. En el pasado, Zamora ha estado ligado a polémicas por la adquisición de un SUV chino Bestune T55 valorado en más de 26,000 dólares, un nivel de consumo muy lejos de la realidad del “cubano de a pie”, lo que alimenta el debate sobre la desconexión entre quienes narran la crisis en televisión y quienes la viven en la calle. Mientras tanto, el discurso oficial insiste en conceptos como “unidad, continuidad y resistencia creativa”, presentados por Díaz-Canel como principios irrenunciables para enfrentar el contexto internacional y las sanciones, pero que muchos ciudadanos perciben como fórmulas repetidas que no terminan de responder a las urgencias del día a día. ¿Puede una estrategia basada en resistencia y utopía seguir sosteniendo la confianza social sin un calendario claro de cambios palpables?