La Policía Federal de Brasil lanzó la Operación Trapaceiros para desarticular una red que, según la investigación, facilitaba el ingreso irregular de ciudadanos cubanos desde Guyana hacia Roraima. La acción incluyó órdenes de búsqueda y aprehensión emitidas por la 4ª Vara Federal de Boa Vista y se concentró en una ruta que empieza en La Habana, sigue por Georgetown y Lethem, y termina cruzando de forma clandestina el río Tacutu hacia Bonfim. ¿Estamos ante una operación aislada o frente a una cadena más amplia de tráfico que aprovecha la desesperación migratoria de miles de personas?

El esquema investigado no se limita al cruce fronterizo, sino que funciona como un negocio completo de traslado. De acuerdo con el agente de la Policía de Carreteras Federal Isaías Magalhães, “esta red criminal cobra por el paquete completo, desde la salida de Cuba hasta el destino final dentro de Brasil”, una frase que resume la lógica del tráfico de migrantes en la región. Los llamados “coiotes” cobran montos que van desde 300 hasta 2,800 dólares por tramo, mientras que algunas personas llegan a pagar más de 10,000 dólares si se incluye todo el trayecto, según reportes citados por la prensa brasileña. El corredor es peligroso y, aun así, sigue siendo una de las pocas puertas que muchos cubanos ven abiertas cuando otras rutas se cierran.
La investigación no comenzó este año. Según los reportes oficiales y periodísticos de Brasil, el caso se remonta a julio de 2022, cuando dos hombres fueron detenidos mientras transportaban extranjeros ingresados irregularmente al país, y el análisis de los celulares incautados permitió detectar una red más grande. Desde entonces, la Policía Federal también investiga posibles delitos de falsificación de documentos públicos, asociación criminal y obtención de ventaja económica mediante el tráfico de personas. Solo en 2026, más de 200 personas habrían sido rescatadas en operativos relacionados con este circuito, lo que muestra que la operación no se limita a un caso puntual, sino a una estructura sostenida en el tiempo.

La magnitud del fenómeno se entiende mejor al mirar las cifras migratorias. En 2025, los cubanos presentaron 41,919 solicitudes de refugio en Brasil, el 55.4% del total nacional, y superaron por primera vez a los venezolanos en el registro anual. En los primeros cuatro meses de 2026, ya habían sido 13,414 las peticiones cubanas, equivalentes al 58% del total del período, pero ningún solicitante obtuvo reconocimiento formal de refugiado en ese lapso. ¿Qué empuja a tantos a tomar esa ruta arriesgada? La respuesta se repite en varios informes: crisis económica, escasez de alimentos y medicinas, apagones, inflación y también el cierre casi total del acceso hacia Estados Unidos desde enero de 2025.
El operativo en Roraima también deja al descubierto un patrón humanitario preocupante. En acciones anteriores, las autoridades brasileñas rescataron decenas de cubanos en condiciones extremas, incluidos niños, embarazadas y personas mayores, y en un solo año se acumularon cientos de rescatados, varios traficantes detenidos y vehículos confiscados. La frontera entre Guyana y Brasil se ha convertido así en un punto crítico donde se cruzan necesidad, fraude y supervivencia. El tema ya no es solo policial: también plantea una pregunta de fondo sobre qué opciones reales tienen quienes deciden abandonar Cuba y hasta dónde puede llegar el Estado brasileño para frenar a las redes que se aprovechan de esa urgencia.
