Ovación en Rusia: ¿qué deja la gira del Ballet Nacional de Cuba más allá de los aplausos?

El Ballet Nacional de Cuba cerró su gira rusa el sábado 3 de octubre de 2026 con una función de Giselle en el Teatro Académico de Ópera y Ballet Dimitri Shostakovich de Samara. Viengsay Valdés interpretó el personaje principal y Dani Hernández encarnó a Albrecht. Según la información difundida por la compañía y recogida por la Agencia Cubana de Noticias, el público se levantó al terminar la representación y mantuvo una ovación durante los saludos. La función completó un recorrido por cuatro ciudades que había comenzado el 24 de septiembre en San Petersburgo. Más allá de esa bienvenida, queda una pregunta para la danza cubana: ¿qué oportunidades de intercambio y crecimiento pueden surgir de esta visita?

El itinerario llevó a la compañía al Teatro Mariinsky de San Petersburgo, al Bolshoi de Moscú, al Pushkin de Nizhni Nóvgorod y, finalmente, a Samara. Rosconcert, la institución rusa encargada de organizar el recorrido, había anunciado esas cuatro sedes para el periodo comprendido entre el 24 de septiembre y el 3 de octubre. En todas ellas se presentó Giselle, en la versión coreográfica de Alicia Alonso. La elección permitió mostrar una misma obra ante públicos diferentes y con cambios en sus intérpretes principales. Prensa Latina precisó que Ernesto Díaz mantuvo el papel de Hilarión en las cuatro presentaciones.

En Samara, Nadila Estrada asumió el personaje de la Reina de las Wilis, acompañada por los demás solistas y el cuerpo de baile. La ACN destacó también la recepción del número de los amigos de Giselle, que obtuvo algunos de los aplausos más cálidos de la noche. Esa reacción recuerda que el espectáculo no depende únicamente de la pareja protagonista. El trabajo colectivo ocupó un lugar visible en la función de despedida, según el relato de la compañía. Las fuentes consultadas, sin embargo, no ofrecen cifras de asistencia ni una medición de la duración de los aplausos, por lo que conviene describir la acogida sin añadir números o récords.

La representación contó con la orquesta sinfónica del teatro de Samara, dirigida por la maestra cubana Idalgel Marquetti. Natalia Makárova, directora del teatro, subrayó la colaboración entre los músicos locales y el conjunto visitante. También manifestó que la ciudad esperaba la actuación del BNC, una valoración institucional sobre la expectativa que despertó la función. Vladislav Likhachev, viceministro de Cultura de la región, agradeció el trabajo de los bailarines y entregó flores a Marquetti. La participación de la orquesta rusa convirtió esta escala en una labor compartida, además de una presentación de artistas cubanos en el extranjero.

Yuri Burlaka, director de coreografía del teatro de Samara, destacó la capacidad de la danza clásica para comunicarse como un lenguaje universal. Según las crónicas oficiales, consideró la versión de Alicia Alonso de Giselle la más interesante que había visto. Ese elogio corresponde a su apreciación personal, no a una clasificación entre todas las producciones de la obra. La versión presentada por el BNC parte de la coreografía original de Jules Perrot y Jean Coralli. Prensa Latina recuerda asimismo que el ballet se inspira en una leyenda germánica recogida por Heinrich Heine, un origen que ayuda a entender cómo una misma historia puede recibir lecturas artísticas de distintos países.

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Valdés calificó el recorrido de histórico y lo describió como una ocasión para mostrar «la fuerza, la técnica y el temperamento de la escuela cubana de ballet». La directora y primera bailarina también destacó la organización, en la que participaron los ministerios de Cultura de Rusia y Cuba. Sus agradecimientos incluyeron a bailarines, maestros y personal técnico, cuyo trabajo sostuvo las cuatro funciones. Sobre la respuesta de los espectadores, afirmó: «Dejamos un público con la emoción en el alma por nuestras actuaciones». Añadió que las muestras de admiración y los aplausos daban confianza a los jóvenes que comienzan su vida artística dentro de la compañía.

El cierre de Samara permite distinguir entre lo ocurrido y las expectativas que puede generar. Está documentada la presentación de Giselle en cuatro ciudades, la colaboración con músicos rusos y los elogios expresados por responsables del teatro anfitrión. Las declaraciones de Valdés señalan, además, el valor formativo que atribuye a la gira para los integrantes más jóvenes del BNC. Las fuentes consultadas no anuncian todavía nuevas fechas en Rusia ni acuerdos derivados de este recorrido. Por eso, la conversación puede avanzar sin anticipar resultados: ¿cómo convertir la experiencia de estos escenarios en nuevas oportunidades para los bailarines y para el público que sigue a la compañía en Cuba?