Cristina Lage Codorniú, hija menor del exvicepresidente cubano Carlos Lage Dávila, se ha convertido en una figura incómoda para La Habana y para Washington: mientras en Cuba controla una cadena de restaurantes de alto estándar en plena crisis económica, en Estados Unidos vio cómo le revocaban la visa que hasta hace poco le permitía viajar con frecuencia a ese país y a Europa. Licenciada en Derecho y especialista en gestión de derechos de autor, Cristina es, según investigaciones de Martí Noticias y otros medios, copropietaria junto a su esposo Orlando Alain Rodríguez Leyva de Group Tentacioones SRL, empresa vinculada a los restaurantes Sensacioones, Woow y Nao Habana, además de un servicio de envío de comida llamado IFood, con más de 40 empleados.

Los locales que se atribuyen a su grupo comparten un sello visual: nombres con doble “O” que simulan dos ojos de asombro bajo un gorro de chef, pensados para un público con alto poder adquisitivo, muy lejos de la realidad del cubano promedio. Sensacioones —ubicado en Playa— es el único que figura formalmente a su nombre, mientras que Woow, en el Vedado frente al hotel Habana Libre, y Nao Habana, en la calle Obispo, no aparecen registrados a título de ella ni de su esposo, lo que los reportes vinculan a la opacidad estructural del sistema cubano para ocultar patrimonios de la élite conectada al poder. La propia web del grupo evita mencionar propietarios y se limita a describir los negocios como “el sueño materializado de una familia apasionada por la hospitalidad y la rica herencia gastronómica de Cuba”.

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Según testimonios citados en estas investigaciones, entre los clientes frecuentes de estos restaurantes figuran familiares de altos cargos, como el hijo del presidente del Tribunal Supremo y el nieto de Raúl Castro, conocido como “El Cangrejo”, lo que refuerza la percepción de que se trata de espacios reservados a círculos privilegiados. Al mismo tiempo, el hermano de Cristina, Carlos Lage Codorniú, aparece en páginas oficiales como consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y exexperto bancario del Banco Central de Cuba, con participación en talleres sobre financiamiento a mipymes y mecanismos de apoyo al sector privado. Aunque no hay pruebas directas que unan sus funciones internacionales con el auge de los negocios familiares, la coincidencia de trayectorias alimenta preguntas sobre posibles ventajas de acceso a capital, contactos o información en un entorno donde emprender sigue fuertemente regulado.

El otro eje de la historia pasa por Estados Unidos. De acuerdo con un reportaje de Martí Noticias, las autoridades estadounidenses revocaron la visa de Cristina Lage Codorniú y de su esposo, medida que se inscribe en un contexto de mayor escrutinio hacia figuras vinculadas a la élite política y económica cubana. Bajo el gobierno de Donald Trump se endurecieron las restricciones de viaje y se impusieron sanciones a altos cargos, incluido el retiro de la visa al propio Miguel Díaz-Canel, en una estrategia que buscaba presionar al aparato de poder de la isla. Aunque Washington no ha hecho públicas las razones específicas en este caso, la combinación de negocios de lujo, vínculos familiares con un exdirigente clave y presencia frecuente en Estados Unidos encaja con ese patrón de vigilancia ampliada sobre las élites cubanas.

En medio de estas revelaciones, Cristina Lage ha mantenido un perfil bajo en lo público y se ha presentado en espacios académicos como abogada especializada en propiedad intelectual aplicada a la gastronomía, un nicho que refuerza su imagen de empresaria en un sector en auge dentro de la limitada economía privada cubana. Sin embargo, el contraste entre una Habana marcada por la escasez y el crecimiento de restaurantes exclusivos asociados a apellidos del antiguo círculo de poder abre un debate inevitable: ¿hasta qué punto estas “mieles del poder”, como tituló un reportaje, son resultado legítimo de iniciativa privada o expresión de privilegios reservados a quienes estuvieron —o siguen estando— cerca del gobierno? La revocación de su visa por parte de Estados Unidos añade otra capa a esa discusión, colocando a Cristina Lage Codorniú en el centro de una historia donde lujo, política y geopolítica se cruzan en la misma mesa.