Cuba se encamina a cerrar 2026 con una caída del 13% en el valor de sus exportaciones de bienes, según las proyecciones atribuidas a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su más reciente informe sobre comercio internacional. El pronóstico contrasta con el incremento del 20% previsto para América Latina y el Caribe, una diferencia de 33 puntos porcentuales entre la variación cubana y el promedio regional. La estimación aparece en Perspectivas del Comercio Internacional de América Latina y el Caribe, 2026: la importancia de las exportaciones de servicios modernos y cómo promoverlas, publicado oficialmente el 15 de octubre. Conviene subrayar una distinción: se trata de una proyección para el cierre del año, no de un resultado definitivo ni de una caída equivalente de toda la economía nacional. El contraste plantea una pregunta de fondo: ¿qué dificultades impiden que las ventas cubanas al exterior acompañen el crecimiento previsto para buena parte de la región?

El desglose presentado en la información disponible permite entender mejor el retroceso: el volumen de las exportaciones cubanas disminuiría un 16%, mientras sus precios aumentarían un 3%. Esto significa que la reducción esperada del valor exportado estaría asociada principalmente a una menor cantidad de mercancías comercializadas, y no a un abaratamiento general de los productos vendidos. La subida de los precios, por tanto, no alcanzaría para compensar la contracción de los envíos. El deterioro tampoco comenzaría al terminar el año, pues las informaciones que recogen el informe señalan que las exportaciones de bienes de Cuba ya habían perdido un 10% de su valor durante el primer semestre de 2026 frente al mismo período anterior. Sin embargo, esos datos agregados no permiten determinar por sí solos cuánto aporta cada industria al descenso ni atribuir toda la caída a una única causa.

Las compras cubanas en el extranjero también presentan una perspectiva de contracción: la información aportada sobre el cuadro I.11 del informe recoge una disminución prevista del 10% en el valor de las importaciones de mercancías. Ese comportamiento estaría acompañado por una reducción del 12% en el volumen adquirido y un aumento del 2% en los precios, de acuerdo con el desglose incluido en el material facilitado. En términos sencillos, el escenario descrito combina menos productos comprados con precios promedio superiores, aunque la tabla citada no identifica qué categorías explicarían el ajuste. Por esa razón, no sería correcto convertir automáticamente esas cifras en porcentajes de reducción de alimentos, combustibles o medicamentos, ni asegurar que todos esos rubros evolucionarán de la misma manera. La contracción simultánea de ventas y compras plantea, en cambio, una cuestión que requiere información más detallada: ¿cómo se distribuiría ese menor intercambio entre el abastecimiento interno y las necesidades de la producción?

El panorama regional muestra una dirección distinta, aunque tampoco supone que todos los países avanzarán al mismo ritmo. En su comunicación oficial, la CEPAL proyecta «un crecimiento del valor de las exportaciones de bienes de un 20% en 2026, el mayor desde el rebote pospandemia de 2021», apoyado en incrementos del 11% en los precios y del 9% en los volúmenes exportados. Las comparaciones publicadas a partir del informe sitúan a Perú con un aumento del 30%, a México con un 26% y a Brasil con un 16%, mientras Cuba figura entre las cuatro mayores caídas previstas entre las 33 economías examinadas. La presentación oficial del estudio reconoce que el comercio mundial ha mantenido «un notable dinamismo en 2026, liderado por las economías de Asia», pese a la incertidumbre y las tensiones geopolíticas. Ese contexto ayuda a interpretar la diferencia: el retroceso cubano se produciría durante una expansión regional del comercio, no dentro de una caída generalizada de las exportaciones latinoamericanas.

El alcance del pronóstico también importa para evitar conclusiones que las cifras no sostienen: las exportaciones de bienes no equivalen a todos los ingresos externos de Cuba, y su variación tampoco representa por sí sola el comportamiento del producto interno bruto. El turismo y otras actividades de servicios pertenecen a categorías diferentes, y la cobertura consultada del informe señala que Cuba queda fuera de determinados cálculos y proyecciones del comercio de servicios por falta de información completa. Precisamente, la CEPAL dedica parte de su estudio a las oportunidades de los servicios modernos y propone una estrategia basada en promover sus exportaciones, atraer inversión extranjera directa y desarrollar talento humano. Esa propuesta regional no constituye una garantía de recuperación para la Isla ni sustituye la necesidad de conocer las dificultades concretas de sus sectores exportadores. Con una previsión de menos mercancías vendidas y compradas, el debate queda abierto: ¿qué cambios permitirían ampliar la capacidad exportadora cubana y cuánto tiempo necesitarían para reflejarse en los resultados?