¿Quién cuenta el oriente de Cuba? Cine Pobre prepara un taller lejos de La Habana.
La Factoría de Cine Pobre prepara un taller audiovisual en San Pablo de Yao, Granma, para creadores de las cinco provincias orientales y Camagüey. La iniciativa enseñará a convertir una idea cinematográfica en un proyecto escrito y una presentación oral que pueda defenderse ante posibles colaboradores. Será la primera vez que esta actividad salga de su sede habitual en Gibara, según explicó su coordinador general, Sergio Benvenuto Solás. Los proyectos acompañados tendrán como horizonte su presentación en el Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara, cuya próxima convocatoria está prevista para abril de 2027. El traslado abre una pregunta concreta: ¿qué historias pueden llegar a la pantalla cuando la formación se acerca a quienes viven fuera de los principales centros de producción?
El taller estará dirigido a residentes de Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo. Los requisitos básicos anunciados son ser mayor de edad y vivir en alguno de esos territorios. No se exigirá currículo ni formación previa en cine, pues la selección priorizará la inclusión y el potencial creativo. Osmanys Sánchez Arañó, cineasta independiente y coordinador docente, explicó que una de las mayores satisfacciones sería acompañar a un autor novel hasta que concluya su obra. Sin embargo, el anuncio consultado no precisa todavía las fechas del curso, el número de plazas, la vía de solicitud ni sus condiciones económicas.

El contenido central será la preparación de carpetas de proyectos, desde la propuesta escrita hasta su exposición ante fondos, instituciones y especialistas. Benvenuto Solás señaló que los participantes trabajarán para defender sus ideas en encuentros nacionales e internacionales, incluidos los virtuales. Esa presentación, conocida como pitching, tendrá lugar durante el festival de Gibara y buscará abrir oportunidades de financiamiento, coproducción y distribución. Presentar un proyecto no significa que recibirá dinero automáticamente: la información publicada anuncia posibilidades de contacto, no ayudas garantizadas para todos. El coordinador también describió un ciclo anual de acompañamiento de la Factoría, sin afirmar que el taller presencial dure doce meses.
La elección de San Pablo de Yao responde al reconocimiento de la trayectoria de Televisión Serrana, según Sánchez Arañó. El docente destacó su papel en la formación de realizadores y la posibilidad de trabajar con profesores locales para reducir gastos. También defendió el valor de una región con escenarios, tradiciones y voces que considera poco representados en el cine nacional. Esa preocupación ya había aparecido en un encuentro celebrado en julio: «Las cinco provincias orientales son contadas generalmente por cineastas que no provienen de aquí», afirmó entonces. Su declaración no descarta el trabajo de creadores de otros lugares, pero reclama más oportunidades para que los habitantes del territorio construyan sus propios relatos.
El nuevo taller retoma necesidades discutidas por realizadores y productores durante el panel «Factoría del Cine Pobre, retos y resultados del camino recorrido». En aquel intercambio, la productora Iraida Tamayo planteó que los autores necesitaban preparación anticipada para presentar sus proyectos, y propuso ampliar los talleres. La realizadora Ivette Ávila señaló que existen pocos fondos disponibles en Cuba y que los presupuestos institucionales para apoyar obras se han reducido. La socióloga Yoli Duarte relacionó el desaprovechamiento de la cooperación con la falta de formación para identificar convocatorias internacionales y presentarse a ellas. Esas intervenciones ayudan a entender el propósito del curso: no basta con tener una historia; también hay que saber explicarla y gestionar los recursos para realizarla.

La Factoría nació en 2024 y se consolidó en 2025 dentro del Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara, fundado en 2003 por Humberto Solás. Sánchez Arañó conoce la plataforma también como participante: ganó en su primera edición con el proyecto Llave de paso. En julio de 2026, Benvenuto Solás explicó que ese año no se realizaría la Factoría en su formato habitual para fortalecerla antes de la siguiente edición. También defendió la creación de un fondo común con participación de las estructuras culturales de las cinco provincias orientales. El anuncio de octubre sitúa la formación entre las acciones preparatorias de una tercera edición prevista para 2027, no como un encuentro que ya haya ocurrido.
El desafío será comprobar si ese acompañamiento facilita que más propuestas se conviertan en obras terminadas. Durante el panel de julio, el presidente del ICAIC, Alexis Triana, advirtió que un proyecto sin capacidad de gestión «morirá tarde o temprano» y pidió buscar aportes más allá del presupuesto estatal. La advertencia coincide con la intención de enseñar a presentar proyectos y establecer colaboraciones, aunque no sustituye la necesidad de recursos concretos. Por ahora, el taller está anunciado y faltan datos prácticos para que los interesados puedan organizar su participación. Cuando se publiquen esas condiciones y se conozcan sus resultados, será posible responder otra pregunta: ¿acercar la enseñanza a Granma ayudará también a ampliar quiénes consiguen producir y mostrar cine en Cuba?
