Charles Spencer y la entrevista de Diana: ¿por qué el dolor vuelve a poner a Martin Bashir en el centro?

Charles Spencer, hermano de Diana de Gales, afirma sentir un “arrepentimiento eterno” por no haber frenado la entrevista que Martin Bashir realizó a la princesa para el programa Panorama de la BBC en 1995. El conde aborda ese episodio en sus memorias, El canto del cisne: Diana, mi hermana, cuya publicación está prevista para el 22 de septiembre. Spencer sostiene que Bashir volvió a acercarse a Diana pese a las advertencias que él mismo había hecho después de reunirse con el periodista. Para el aristócrata, el reportero actuó mediante engaños que alteraron la confianza de su hermana en las personas de su entorno. ¿Hasta qué punto una entrevista obtenida con prácticas fraudulentas puede afectar las decisiones personales de una figura pública?

La entrevista de Panorama fue emitida el 20 de noviembre de 1995 y se convirtió en uno de los momentos televisivos más recordados de la historia de la monarquía británica. Durante la conversación con Bashir, Diana habló de la crisis de su matrimonio con el entonces príncipe de Gales y pronunció la frase: “Éramos tres en este matrimonio, así que estaba un poco abarrotado”. La declaración aludía a la relación de Carlos con Camilla Parker Bowles y tuvo una enorme repercusión pública. Sin embargo, años después se confirmó que el acceso de Bashir a la princesa estuvo condicionado por documentos falsificados y afirmaciones engañosas. La relevancia de la entrevista no elimina el debate sobre los métodos que se emplearon para obtenerla.

La princesa Diana de Gales en su entrevista con Martin Bashir (BBC)

Una investigación independiente publicada en 2021, conocida como informe Dyson, concluyó que Bashir engañó a Charles Spencer mediante extractos bancarios falsificados. Esos documentos aparentaban mostrar pagos a personas cercanas a Diana para vigilarla, aunque la investigación determinó que eran falsos. El informe también concluyó que la BBC no cumplió sus propios estándares de integridad y transparencia al investigar inicialmente las denuncias sobre la conducta de su periodista. Tras la publicación de esas conclusiones, la corporación ofreció disculpas a Carlos III, a Charles Spencer y a los príncipes Guillermo y Harry. La BBC reconoció la gravedad de lo ocurrido y, en 2022, aseguró que no volvería a emitir ni a licenciar la entrevista.

Spencer recuerda que Bashir se presentó como una persona devota y que insistió en que no buscaba entrevistar a Diana. El periodista lo convenció para reunirse con urgencia y después acudió a Althorp, la finca de la familia Spencer en Northamptonshire. En otro encuentro, al que también asistió la princesa, el conde asegura que oyó afirmaciones tan inverosímiles que empezó a desconfiar de Bashir. “No podía esperar a acompañar a Bashir fuera del piso de mi amigo y alejarlo de Diana todo lo posible”, escribe en sus memorias. Aun así, Spencer considera que no hizo lo suficiente para impedir que el reportero siguiera teniendo contacto con su hermana.

El hermano de Diana sostiene que Bashir “consiguió volver a deslizarse en la vida de Diana, atrapándola con mentiras y manipulación”. Esta es una valoración personal de Spencer sobre el efecto que tuvieron las falsedades en la relación de la princesa con sus colaboradores y con la institución real. Según su relato, la entrevista aumentó la desconfianza de Diana hacia quienes la rodeaban, incluidos miembros de su equipo de seguridad. Spencer vincula esa ruptura de confianza con decisiones posteriores de la princesa, aunque no existe una conclusión judicial que establezca una cadena causal directa entre la entrevista y el accidente de París de 1997. Es importante diferenciar los hechos probados sobre la actuación de Bashir de las interpretaciones personales sobre las consecuencias que aquel episodio tuvo años después.

Imagen de archivo de Lady Di con los príncipes Guillermo y Harry (Grosby)

Diana murió el 31 de agosto de 1997 en un accidente de automóvil en el túnel del Pont de l’Alma, en París. También fallecieron Dodi Fayed y Henri Paul, el conductor del vehículo, mientras que el guardaespaldas Trevor Rees-Jones sobrevivió con heridas graves. Spencer cuenta que, en medio del dolor y la rabia, llegó a sospechar de los resultados toxicológicos atribuidos a Henri Paul porque pensó que podían haberse manipulado para desviar la atención de los paparazzi. Esa fue una sospecha personal expresada por el conde, no una conclusión establecida por las investigaciones oficiales. Los hechos judiciales y policiales sobre la muerte de Diana han sido objeto de investigaciones extensas, pero las memorias de Spencer vuelven a mostrar cuánto persisten las dudas, el duelo y las interpretaciones familiares casi tres décadas después.

El libro también trata la situación de los hijos de Diana, Guillermo y Harry, que tenían 15 y 12 años cuando murió su madre. Spencer afirma que le preocupaba especialmente la falta de apoyo emocional para Harry y teme que ambos quedaran expuestos a lo que describe como “formas arcaicas de la monarquía”. Sobre Diana como madre, escribe: “Nunca en mi vida he conocido a una madre mejor”, y afirma que ella deseaba que sus hijos crecieran con valores, criterio y seguridad emocional. El conde mantiene recuerdos más favorables de Isabel II y considera que su reacción inicial tras la muerte de Diana estuvo enfocada en proteger a sus nietos. Las nuevas declaraciones, por tanto, no solo reabren el debate sobre Panorama, sino que presentan la visión íntima de un hermano que intenta explicar el impacto duradero de una pérdida familiar y pública.