Amaia Montero ha abierto una conversación profundamente personal al recordar los años más difíciles de su vida, un período marcado por la pérdida de su padre, José Montero, y por una crisis emocional que la mantuvo alejada de los escenarios. La cantante, que acaba de cumplir 50 años, habló con el periodista Jomari Goyso para Despierta América sobre aquellos días en los que se sentía sin fuerzas y no lograba imaginar un futuro distinto. “Me pasaba todo el día en la cama”, relató al explicar cómo la rutina se redujo a permanecer encerrada y luchar contra pensamientos que la sobrepasaban. Sus declaraciones han causado impacto porque muestran, sin adornos, la distancia entre la figura pública que el público conoce y la batalla íntima que enfrentó fuera de los focos. ¿Cuántas personas viven procesos parecidos sin poder decirlo en voz alta? ¿Puede hablarse más abiertamente de salud mental sin convertir el dolor de alguien en espectáculo?

La artista describió esa fase como una “bajada al infierno”, una expresión que ya había utilizado al referirse a la depresión que atravesó y a la dificultad de recuperar la estabilidad. En medio de esa situación, llegó a preguntarle a su madre si volvería a ser quien era antes, dejando claro que su temor no se limitaba a su carrera. “¿Tú crees que volveré a ser la persona que era antes? Y no te hablo de la artista, te hablo de la persona”, recordó Amaia sobre aquella conversación familiar. La respuesta de su madre, “Claro que sí, cariño”, se convirtió en uno de los apoyos que la ayudaron a resistir durante un momento en el que, según reconoció, avanzar un poco no impedía que volviera a caer. “Cuando estaba en el infierno, queriendo salir, me subía muy poquito y bajaba de nuevo y me caía”, explicó.

Uno de los puntos más sensibles de la entrevista fue el recuerdo de su padre, fallecido en febrero de 2009 tras dos años de enfermedad. Amaia confesó que aquella pérdida alteró por completo su mundo emocional: “Se me cayó el mundo encima”. Al ser consultada por el peso que tuvo su padre durante esos años, la cantante respondió con una frase que revela la gravedad de sus pensamientos de entonces: “Me quería ir con él”. También expresó que, en ese momento, solo percibía “fuego”, el deseo de alejarse “de aquí, de este mundo”, palabras que deben entenderse desde el contexto de una experiencia de dolor extremo que ella hoy puede narrar desde otro lugar. La confesión pone sobre la mesa la importancia de que una persona que atraviesa una crisis encuentre redes familiares, acompañamiento profesional y espacios seguros para pedir ayuda.

La recuperación de Amaia Montero no fue inmediata ni lineal, según ha explicado. La cantante afirmó que pudo salir adelante con esfuerzo y apoyo: “Peleé, peleé con mucha ayuda, pero peleé mucho”, respondió después de que Jomari Goyso le dijera: “Qué bueno que te quedaste”. Entre los momentos que le ayudaron a recuperar confianza figura la invitación de Karol G para participar en su concierto en el estadio Santiago Bernabéu, una propuesta que llegó cuando ella ya se encontraba mejor, aunque todavía dudaba de exponerse nuevamente ante el público. “Me lo puse como una especie de reto. Pensé, puedo decir que no, pero puedo decir que sí. Y dije que sí”, contó sobre la decisión de aceptar. Ese paso, acompañado por el respaldo de su entorno y el proceso de atención psicológica que mencionó en la entrevista, se convirtió en una señal de que podía volver a conectar con la música sin ignorar todo lo que había vivido.

El regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh, confirmado en octubre de 2025, adquiere una dimensión distinta después de estas revelaciones. En mayo de 2026 volvió definitivamente a los escenarios con la gira Tantas cosas que contar, casi dos décadas después de su salida de la agrupación, y en el primer concierto en Bilbao expresó: “Hubo momentos en los que pensé que nunca volvería a pisar un escenario”. La artista también ha dejado claro que las críticas actuales tienen menos peso para ella tras lo vivido: “Ahora mismo, a mis 50 años y después de lo que he pasado, me importa un bledo lo que digan esas personas que no sé ni quiénes son”. Su testimonio no invita a romantizar el sufrimiento, sino a reconocer que pedir ayuda, recibir acompañamiento y volver a intentarlo pueden ser pasos decisivos en una recuperación. ¿Qué lecciones deja su historia sobre la empatía hacia quienes enfrentan una crisis? ¿Estamos preparados para escuchar sin juzgar cuando alguien dice que necesita ayuda?