Un video grabado en El Vedado muestra una imagen preocupante en los alrededores del Hotel Victoria: vecinos de la calle 19, entre L y M, denuncian que la piscina del establecimiento se habría convertido en un criadero de mosquitos. El hotel, ubicado en una de las zonas más céntricas de La Habana, promociona entre sus servicios una piscina exterior; por eso, los residentes reclaman una intervención que evite la acumulación de agua y reduzca riesgos sanitarios. La denuncia no equivale por sí sola a un dictamen sanitario oficial, pero sí refleja la preocupación vecinal ante posibles fallas de mantenimiento. En un país donde el control de vectores es fundamental para prevenir enfermedades transmitidas por mosquitos, ¿quién debe responder con rapidez cuando una instalación turística puede afectar a la comunidad que vive a su alrededor?

El caso del Hotel Victoria aparece en medio de una crisis turística de alcance nacional que ha dejado instalaciones sin actividad, menor presencia de visitantes y miles de trabajadores en situación vulnerable. El primer ministro Manuel Marrero afirmó en julio que alrededor del 73% de los hoteles cubanos permanecía cerrado, mientras el sector atravesaba una “parálisis casi total” vinculada a sanciones estadounidenses y a dificultades con el combustible. La cifra da contexto a los problemas de mantenimiento de distintas propiedades: cuando un inmueble queda inactivo, sostener la limpieza, los servicios técnicos y las áreas con agua puede convertirse en un reto adicional. Sin embargo, el cierre o la baja ocupación no eliminan la responsabilidad de impedir que esos espacios se deterioren o generen riesgos para residentes y transeúntes.

La retirada de firmas internacionales ha profundizado el escenario. Meliá Hotels International, durante años uno de los principales operadores extranjeros de la isla, terminó sus operaciones en los 34 hoteles que administraba el 24 de julio de 2026, alegando dificultades operativas, legales y financieras en un contexto de endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos. Antes de la salida definitiva, la empresa había anunciado el cese de operaciones en 15 de sus establecimientos; algunos de esos hoteles en destinos como Varadero, Cayo Santa María y Jardines del Rey ya estaban cerrados o inactivos por problemas energéticos y una caída de la demanda, según reportes estatales citados por AP. Iberostar también dejó de gestionar 12 de 18 hoteles asociados a GAESA, mientras Barceló, Blue Diamond Resorts, Archipelago International y ATG se encuentran entre las firmas que redujeron o finalizaron su presencia. Estas decisiones alteran la operación diaria de instalaciones que dependían de esos contratos para comercialización, estándares de servicio, mantenimiento y acceso a canales internacionales de reservas.

La disminución de viajeros explica otra parte de la presión sobre el sector. Entre enero y mayo de 2026, Cuba recibió aproximadamente 360.000 turistas internacionales, un descenso de 58% frente al mismo período del año anterior, de acuerdo con estadísticas gubernamentales citadas por CNN. Con menos visitantes y menor ocupación, hoteles, restaurantes, transportistas, proveedores, artistas, taxistas y trabajadores por cuenta propia ven reducidas sus oportunidades de ingreso, incluso cuando no laboran directamente en un resort. El propio Marrero señaló que unos 25.000 trabajadores quedaron “en una situación vulnerable” tras el cierre de instalaciones. El turismo es una fuente importante de divisas para Cuba, de modo que su debilitamiento se conecta con la disponibilidad de productos, servicios y empleos que afectan el día a día de muchas familias.

La situación del Hotel Victoria puede leerse entonces como una denuncia local dentro de un problema mucho más amplio, aunque corresponde a las autoridades sanitarias y a la administración del inmueble determinar el estado real de esa piscina y las medidas necesarias. El país enfrenta al mismo tiempo escasez de combustible, menor llegada de viajeros, instalaciones cerradas y la salida de operadores que durante décadas fueron decisivos para su mercado turístico. Ante ese panorama, mantener hoteles seguros, funcionales y responsables con los barrios donde se ubican es tan importante como recuperar reservas o atraer nuevas cadenas. La pregunta es inevitable: ¿puede Cuba reactivar el turismo sin resolver primero el deterioro visible que afecta tanto a visitantes como a la propia ciudadanía?