En varias comunidades de Holguín, la elaboración artesanal de aceite de corojo ha vuelto a entrar en las cocinas como una respuesta familiar ante el elevado costo del aceite para cocinar. El tema fue recogido por el periódico oficial Ahora, que describe cómo vecinos recolectan los frutos del corojo y realizan un proceso manual para obtener grasa vegetal destinada, principalmente, a la preparación de alimentos. La práctica no es nueva: el propio medio la vincula con métodos usados antes de 1959 y con alternativas que reaparecieron durante el Período Especial de la década de 1990. Que una técnica tan laboriosa regrese al día a día abre una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto estas soluciones domésticas pueden aliviar la carga de los hogares?
El aumento del precio es el principal detonante de esta búsqueda de alternativas. Según la información divulgada, durante agosto un litro de aceite podía costar entre 3.500 y 4.000 pesos cubanos en el mercado informal, luego de que en junio rondara los 1.500 pesos. Es decir, el valor llegó a multiplicarse en apenas unas semanas, una variación que obliga a muchas familias a reajustar el presupuesto destinado a productos básicos. En ese escenario, producir una pequeña cantidad de aceite en casa puede parecer una opción extrema, pero para algunos hogares representa una forma de evitar gastar una suma difícil de asumir. La pregunta sigue abierta: ¿qué ocurre con quienes no tienen acceso a corojos, tiempo físico o condiciones para realizar este trabajo?
La fabricación del aceite de corojo exige paciencia, fuerza y varias horas de dedicación. Las familias deben recolectar los frutos, abrirlos uno a uno para extraer las nueces, tostarlas, molerlas y exprimir la masa obtenida antes de hervir el líquido hasta separar el aceite. De acuerdo con el reporte, todo el procedimiento puede ocupar cerca de ocho horas para producir aproximadamente un litro. Yoniel, un joven de 26 años citado por el periódico, resumió la lógica que lleva a muchas personas a asumir esta faena: “Es mejor pasarse el día entero trabajando para hacer el aceite de la comida, que pasarse una semana completa trabajando para comprar un solo pomo”. Su testimonio ilustra una realidad cotidiana: el tiempo de trabajo doméstico empieza a medirse frente al precio de un alimento indispensable.
La situación también se relaciona con problemas de abastecimiento que han sido reconocidos en reportes oficiales locales. En una actualización previa sobre la canasta básica en Holguín, Ahora informó que la distribución de aceite presentaba atrasos en municipios como Banes, Mayarí y Sagua de Tánamo, y que en ese momento el producto aún no había llegado a 118 bodegas de esos territorios. Por su parte, la Agencia Cubana de Noticias ha reflejado iniciativas agrícolas orientadas a producir materias primas para aceite, como la siembra de ajonjolí en Isla de la Juventud destinada a la cocción de alimentos. Estos datos muestran que el debate no trata solo de precios, sino también de disponibilidad, distribución y de la capacidad de crear opciones productivas que lleguen realmente a las mesas.
El regreso al aceite de corojo no debe leerse únicamente como una anécdota rural ni como una curiosidad del pasado. Detrás de cada litro hay horas de labor, familias que buscan alternativas y una preocupación concreta por mantener la comida diaria en casa. También plantea interrogantes sobre la seguridad alimentaria, el costo real de los productos esenciales y el peso que recae sobre los hogares cuando faltan vías estables de acceso. ¿Es esta una estrategia puntual ante una etapa de precios altos o un síntoma de que cada vez más cubanos deben reemplazar productos comerciales por soluciones artesanales? La conversación queda sobre la mesa, junto con una evidencia difícil de ignorar: cocinar se ha convertido, para muchas familias, en una tarea mucho más costosa y compleja.
