El opositor cubano Guillermo del Sol Pérez fue trasladado de emergencia a un hospital luego de perder el conocimiento, según informó la activista Rosa María Payá. El hecho ocurre cuando el activista acumula 72 días en huelga de hambre desde su vivienda en Santa Clara, Villa Clara, una protesta que ha puesto su vida en serio riesgo. Del Sol inició el ayuno para exigir la liberación de 18 presos políticos, aunque uno de ellos, Jonathan David Muir Burgos, fue excarcelado posteriormente; por ello, la demanda se concentra ahora en la libertad de 17 personas que continúan privadas de libertad. La nueva hospitalización aumenta la alarma en torno a su condición, pues familiares y organizaciones vinculadas al caso venían alertando sobre un deterioro físico progresivo.
La protesta de Del Sol tiene entre sus antecedentes la revocación de la libertad condicional de Leonel Tristá García, manifestante de las protestas del 11 de julio de 2021 en Santa Clara. De acuerdo con información disponible, el opositor dejó de ingerir alimentos el 18 o 19 de junio y planteó la excarcelación de varias personas encarceladas por motivos políticos o de conciencia. Entre los nombres difundidos en relación con su reclamo figuran Félix Navarro Rodríguez, Donaida Pérez Paseiro, Saylí Navarro Álvarez, Lizandra Góngora, Loreto Hernández García, José Barrenechea y los hermanos Jorge y Nadir Martín Perdomo. Más allá de las diferencias políticas que rodean estos casos, el deterioro de un hombre que lleva más de dos meses en ayuno abre una pregunta urgente: ¿qué respuesta pueden ofrecer las autoridades ante una acción extrema que pone en peligro una vida?
La salud de Del Sol ya había generado advertencias públicas antes de que trascendiera la pérdida de conocimiento. Su hijo, Adrián del Sol Alfonso, informó cuando se cumplieron 70 días de huelga que su padre sufrió una “fuerte descompensación” de la presión arterial y presentaba niveles bajos de glucosa, temblores, malestar general y dificultades para hidratarse. También habló de dolor lumbar, problemas para orinar y cambios en la apariencia de la orina, síntomas que, de acuerdo con los reportes disponibles, se sumaban a padecimientos previos como hipertensión severa, diabetes tipo 2, asma y cardiopatía. El hijo describió la protesta como un “sacrificio desgarrador”, mientras personas allegadas advertían que la combinación de ayuno prolongado y enfermedades preexistentes eleva el riesgo de complicaciones graves.
Rosa María Payá responsabilizó al Gobierno cubano y al presidente Miguel Díaz-Canel por cualquier consecuencia que pudiera sufrir el activista, y pidió a la comunidad internacional no ignorar el caso. Su pronunciamiento se suma a solicitudes anteriores de integrantes y ex prisioneros de conciencia del Grupo de los 75 de la Primavera Negra, quienes reclamaron mayor atención internacional al señalar que la vida de Del Sol “corre peligro”. Las autoridades cubanas no han divulgado, en las fuentes revisadas, un parte médico oficial que detalle el diagnóstico, el tratamiento recibido tras el traslado o su evolución inmediata. Esa ausencia de información verificable hace más importante distinguir entre los reportes de familiares y activistas, por un lado, y los datos médicos confirmados que aún no se han hecho públicos, por otro.
El episodio sitúa nuevamente en el centro el drama humano de las huelgas de hambre y las consecuencias físicas que pueden provocar cuando se prolongan durante semanas. Del Sol mantiene su exigencia pese a que su cuerpo muestra señales de agotamiento, mientras otros activistas han expresado apoyo a la demanda de liberación de presos políticos; entre ellos, Alcibíades Brizuela Angulo inició otra protesta de ayuno en Artemisa, según reportes de la prensa independiente. El desenlace dependerá de su atención médica, de las decisiones que tome él mismo y de las respuestas institucionales que puedan producirse frente a sus reclamos. La pregunta permanece abierta: ¿llegará una solución antes de que el daño a su salud sea irreversible?
