La denuncia de Mayrobys Martínez, vecina del reparto Alberro en el municipio habanero de El Cotorro, condensa en pocas líneas el cansancio de miles de residentes que viven entre apagones y falta de agua corriente. En su publicación en Facebook, Martínez se pregunta: “¿Puede explicarme alguien o por lo menos decirme hasta cuándo vamos a seguir viviendo como perros?”, al describir que el edificio 14 lleva semanas sin agua y con cortes eléctricos constantes, mientras las pipas prometidas nunca llegan. Según su relato, las familias se ven obligadas a caminar bajo el sol, cargando galones y pomos “como si esto fuera África”, para conseguir lo mínimo indispensable: cocinar y bañarse, porque lavar la ropa ya es un lujo perdido.

En un segundo video, la misma vecina va un paso más allá y rechaza abiertamente el lema oficial de “Patria o muerte” con una frase lapidaria: “Lo de patria o muerte métanselo a otro… que yo lo que quiero es vivir”. El clip, de apenas siete segundos y con “They Don’t Care About Us” de Michael Jackson de fondo, suma contexto emocional a una denuncia que ya se siente como un límite. La situación de Alberro no es aislada: el reparto aparece mencionado entre las zonas del Cotorro que se quedan sin agua cuando fallan las fuentes de bombeo Cotorro 1, 4 y 5 por inestabilidad eléctrica, lo que hace que cada apagón se convierta también en corte de agua. De fondo, el problema no es solo logístico, sino estructural.

                     Captura de pantalla tomada del perfil de facebook de Mayrobys Martínez.

Datos recientes difundidos por medios internacionales describen la magnitud de la crisis hídrica. Un informe publicado en mayo por el Los Angeles Times señala que alrededor de 2.7 millones de cubanos sufren desabastecimiento de agua diariamente, en un contexto donde el sistema hídrico funciona con apenas el 37% del combustible necesario. En La Habana, especialistas de Aguas de La Habana han reconocido que más de 500,000 consumidores están afectados por cortes de agua vinculados directamente a la crisis energética, frente a los 200,000 reportados en abril y los 376,055 en mayo. El 87% del sistema de bombeo de la capital depende de la electricidad, de modo que cada déficit de generación se traduce en tuberías secas para barrios enteros.

El Cotorro, en particular, ha sido escenario de múltiples protestas en lo que va de 2026. CNN en Español documentó cacerolazos en distintos puntos de La Habana por apagones generalizados, y registros independientes señalan que el 13 de marzo vecinos del Cotorro salieron a golpear cazuelas bajo el lema “Ya no podemos más” en medio de un apagón nocturno. En junio, otras comunidades del municipio volvieron a la calle, bloqueando vías y exigiendo restablecimiento del servicio eléctrico, en un clima de tensión que se repite cada vez que las horas sin luz y sin agua se acumulan. La historia de Alberro se inserta en ese mapa de protesta cotidiana, donde la gente recurre a la calle y a las redes porque siente que los canales oficiales ya no les dan respuesta.

Frente a este cuadro, las soluciones ofrecidas por el gobierno cubano se perciben como insuficientes para quienes viven la crisis en primera persona. El Estado ha presentado como avances la creación de reservorios y el uso de pipas para abastecer zonas críticas, y ha destacado la puesta en marcha del primer banco de baterías de 50 MW en la subestación del Cotorro, diseñado para estabilizar el Sistema Electroenergético Nacional y aprovechar mejor la energía solar. Sin embargo, como reconocen los propios técnicos, ese sistema de almacenamiento no puede cubrir un déficit que supera los 2,000 MW, por lo que los apagones —y con ellos los cortes de agua— persisten. Mientras tanto, la única alternativa para muchos es el mercado informal: pagar pipas privadas que pueden costar entre 18,000 y 26,000 pesos por carga, cifras inalcanzables para la mayoría de las familias.

La pregunta que abre el caso de Alberro va más allá de un edificio sin agua: ¿cómo se sostiene la vida cotidiana cuando el acceso a un recurso básico depende de tener dinero para comprar soluciones informales o de resistir caminatas bajo el sol con pomos al hombro? Los testimonios recogidos en medios como Infobae y la encuesta de Cubadata muestran que casi la mitad de los consultados enfrenta falta de agua a diario o varias veces por semana, y que solo un 9.3% dice no tener problemas de abastecimiento. En ese contexto, frases como “hasta cuándo vamos a seguir aguantando como carneros” ya no suenan exageradas, sino como reflejo de un desgaste acumulado que convierte la crisis del agua en una crisis de dignidad. Si el agua “fluye pero no llega”, como dicen algunos especialistas, ¿cuánto tiempo puede seguir la gente viviendo como si lo básico fuera un favor y no un derecho?