“¿Hasta qué punto puede llegar la dolarización? El gas doméstico en Cuba ya se vende en dólares.”.

El gobierno cubano anunció que comenzará a vender cilindros de gas licuado en dólares, mientras el precio de la balita de 10 kg en pesos cubanos alcanza hasta 350. La medida afecta a más de 1,7 millones de clientes y marca un nuevo paso en la dolarización de servicios esenciales en la isla. La propia explicación oficial reconoce que la falta de divisas, el aumento de los costos y la incapacidad para garantizar el abastecimiento han llevado a buscar ingresos en moneda fuerte. ¿Se trata de una solución temporal o del inicio de una etapa en que cocinar dependerá cada vez más de tener acceso a dólares?

Primero fueron las tiendas, después los combustibles y ahora el dólar llega al gas doméstico de millones de familias. Desde 2024, casi 30 gasolineras estatales venden combustible únicamente en dólares, y el sector privado empezó a importar diésel y gas licuado desde Estados Unidos bajo licencias autorizadas por Washington. La dolarización ya no se limita a productos de lujo o importados, sino que alcanza servicios básicos vinculados a la supervivencia cotidiana: cocinar, transportarse y acceder a electricidad estable. La pregunta que surge es clara: ¿qué espacio queda para quienes no tienen divisas?

El gas licuado se vende en dólares en Cuba debido a la falta de liquidez y a la crisis de suministro que enfrenta el país. La incapacidad del gobierno para garantizar un suministro estable ha llevado a que plataformas como Katapulk y Supermarket23 ofrezcan cilindros de gas en dólares, con entrega principalmente en La Habana y bajo la condición de entregar un cilindro vacío en buen estado. Esta medida responde a la necesidad de captar divisas extranjeras, en un contexto donde el peso cubano ha perdido gran parte de su valor frente al dólar. ¿Puede considerarse justo que un servicio básico pase a depender de la capacidad de pagar en moneda extranjera?

El impacto en el mercado informal ya se siente con fuerza. La balita de gas licuado que se compra a 24 dólares en plataformas como KMCero y Progas se revende hasta en 50 dólares, en medio de escasez y acceso desigual. En paralelo, el precio del combustible en el mercado informal llegó a cotizarse entre 4.000 y 6.000 pesos cubanos por litro, lo que equivalía a entre siete y 11 dólares al tipo de cambio informal. El resultado es un escenario donde la supervivencia diaria se vuelve más cara y más dependiente de los ingresos en divisa. ¿Cómo afecta esto a las familias que no tienen acceso a dólares?

El anuncio oficial confirma que la dolarización de la economía cubana avanza de forma sistemática, aunque con costos sociales evidentes. La dolarización de la economía a partir de 1993 también sirvió para incrementar los ingresos del Estado en moneda convertible, lo que facilitó cierto alivio financiero. Sin embargo, la unificación monetaria y cambiaria en Cuba ha dejado un consumo y servicios esenciales con precios cada vez más altos, y con la exclusión de sectores que no pueden acceder a divisas. La gran duda que queda es si esta estrategia podrá sostenerse sin profundizar aún más la desigualdad.