“¿Tesoro escondido o cuenta de ahorros romana? Las vasijas de Senon reescriben la historia del dinero en el Imperio.”.

En el antiguo asentamiento de Senon, en el noreste de Francia, arqueólogos franceses desenterraron tres grandes vasijas cerámicas enterradas dentro de viviendas, una de las cuales contenía miles de monedas romanas de unos 1.800 años de antigüedad. El trabajo fue dirigido por el Instituto Nacional Francés de Investigación Arqueológica Preventiva (Inrap), en una excavación de 1.500 metros cuadrados realizada antes de obras modernas para documentar y recuperar restos históricos. Según el organismo, los tres recipientes pudieron albergar más de 40.000 piezas, lo que convierte el hallazgo en uno de los depósitos monetarios más importantes conocidos en la región. ¿Estamos ante un tesoro escondido en un momento de miedo o ante una forma de “cuenta de ahorro” organizada en plena Roma tardía?

La primera vasija contenía 38 kilos de monedas romanas y la segunda podía albergar entre 18.000 y 19.000 piezas (INRAP)

Los arqueólogos situaron el depósito de las vasijas entre los años 280 y 310 d. C., es decir, en la fase de Antigüedad tardía, justo cuando el Imperio atravesaba crisis militares y económicas importantes. Dentro de las vasijas aparecieron monedas con bustos de emperadores como Victorino, Tétrico I y Tétrico II, fechadas entre el último cuarto del siglo III y la primera década del siglo IV. La primera vasija contenía 38 kilos de monedas, equivalentes a unas 23.000 o 24.000 piezas, según explicó el numismático de Inrap, Vincent Geneviève. La segunda pesaba unos 50 kilos y, a partir de unas 400 monedas recuperadas del cuello roto, se calcula que pudo albergar entre 18.000 y 19.000 ejemplares.

El tercer recipiente había sido vaciado en época antigua y en la fosa sólo quedaron tres monedas, pero las estimaciones apuntan a un total potencial superior a las 40.000 piezas para el conjunto. Lo llamativo es que los especialistas no creen que se tratara de un “tesoro” escondido a las apuradas, sino de depósitos accesibles vinculados al ahorro o a una gestión monetaria regular. Inrap subraya que las vasijas fueron colocadas con cuidado en fosas bien preparadas, con piedras de nivelación para mantenerlas perfectamente verticales. Además, estaban dentro de salas de estar aparentemente comunes y con los cuellos muy cerca de la superficie del suelo, lo que permitía acceder al contenido con relativa facilidad. ¿Puede esa disposición hablar de una especie de “caja fuerte doméstica” más que de un escondite desesperado?

Otro detalle refuerza esa hipótesis de uso continuado: en el exterior de dos vasijas se documentaron monedas adheridas a la cara externa. Ese indicio sugiere que alguien añadió piezas después de enterrar los recipientes y antes de que la fosa se llenara de sedimentos, es decir, que hubo depósitos sucesivos. Para los arqueólogos, esto encaja mejor con un fondo al que se recurría de forma periódica —como ahorro familiar, institucional o incluso militar— que con un tesoro oculto por miedo a saqueos. Una de las teorías mencionadas en los análisis vincula estos depósitos con una fortificación romana situada a unos 150 metros, lo que abre la posibilidad de que las monedas estuvieran relacionadas con el pago de soldadas. ¿Era este el “banco” local de una pequeña ciudad romana que manejaba grandes cantidades de efectivo?
El hallazgo de tres depósitos con miles de monedas romanas en Francia reescribe la historia económica de la región
El entorno de las vasijas describe un barrio residencial de nivel acomodado. Inrap documentó al menos tres viviendas de piedra alineadas junto a dos calles pavimentadas, con salas de estar, sótanos, dependencias domésticas o de taller y calefacción por hipocausto, un sistema propio de hogares con cierto poder adquisitivo. Los pequeños objetos recuperados —utensilios, fragmentos de cerámica, elementos de uso cotidiano— apuntan a una población relativamente acomodada, posiblemente artesanos o comerciantes con acceso a redes de intercambio amplias. El asentamiento pasó de ser una aldea gala a una próspera ciudad romana y terminó desapareciendo tras un incendio, según la secuencia estratigráfica reconstruida por los especialistas. ¿Qué nos dice este conjunto sobre cómo circulaba el dinero y quién lo controlaba en una ciudad pequeña del Imperio?

Vista aérea de una sala de estar con, bajo el nivel del suelo, agujeros de postes de la época gala y canteras de piedra caliza.

© Anthony Robin, Inrap

La estratigrafía ayuda a entender por qué el dinero quedó bajo tierra casi dos milenios. Inrap detectó una gran capa de cenizas de comienzos del siglo IV y concluyó que un incendio destruyó el asentamiento, que luego fue reconstruido con abundante reutilización de materiales. Esa reocupación habría durado como máximo unos 50 años, hasta que otro fuego provocó el abandono definitivo a mediados del siglo IV. Las viviendas se levantaron de nuevo sobre los restos, pero los depósitos quedaron ocultos bajo pisos y rellenos, sin que nadie volviera a reclamarlos. La combinación de destrucción, reconstrucción y abandono selló las vasijas y transformó esos fondos de uso cotidiano en un “tesoro” arqueológico.