La ciencia cardiovascular ha dado un paso significativo con la creación de un modelo robótico de corazón desarrollado por investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Sídney. Este sistema busca replicar con alta precisión el comportamiento del ventrículo y la aurícula izquierdos, dos zonas clave en el bombeo sanguíneo humano. El proyecto se centra especialmente en la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp), una condición que afecta aproximadamente a la mitad de los pacientes con insuficiencia cardíaca y que sigue siendo difícil de comprender. Según los investigadores, el objetivo principal es “entender mejor cómo el corazón falla en escenarios reales mediante una réplica funcional controlada en laboratorio”.
Este avance, publicado en la revista científica Nature Communications, introduce un enfoque diferente a los modelos tradicionales de simulación cardíaca. A diferencia de sistemas anteriores, este corazón robótico utiliza fibras de “músculo artificial” hidráulicas y flexibles que imitan las capas musculares del órgano humano. Esto permite reproducir no solo el movimiento de bombeo, sino también la elasticidad del tejido durante la fase de llenado del corazón. Los científicos destacan que esta tecnología ofrece una herramienta más precisa para estudiar enfermedades complejas que antes eran difíciles de recrear en un entorno experimental.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es su sistema de control de lazo cerrado, que ajusta en tiempo real la actividad del corazón artificial. Este mecanismo permite simular tanto un corazón sano como distintas fases de deterioro cardíaco, incluyendo rigidez ventricular, mala relajación o aumento de presión interna. En palabras del equipo investigador, este sistema hace posible “enseñar al corazón robótico a comportarse como uno sano o enfermo según los parámetros establecidos”, lo que abre nuevas posibilidades para la investigación biomédica. Este nivel de precisión representa un avance frente a modelos anteriores que no lograban reproducir con fidelidad los flujos internos del corazón.
El modelo también ha permitido simular procesos complejos relacionados con la ICFEp, como los cambios en la proteína titina, la fibrosis del tejido cardíaco o el impacto del sobrepeso en la función del ventrículo. Gracias a sensores integrados, los investigadores pueden medir en tiempo real la presión intracardíaca y el flujo sanguíneo a través de la válvula mitral. Esto facilita el estudio de alteraciones que, hasta ahora, solo podían observarse en pacientes reales o mediante aproximaciones indirectas. El equipo señala que esta herramienta podría acelerar el desarrollo de tratamientos más específicos para una enfermedad que aún carece de terapias plenamente efectivas.
A pesar del entusiasmo científico, este avance también abre interrogantes sobre el futuro de la medicina cardiovascular. ¿Podrán estos modelos reemplazar parcialmente los ensayos clínicos en humanos? ¿Hasta qué punto una simulación puede reflejar la complejidad biológica de un órgano vivo? Los investigadores coinciden en que el corazón robótico no sustituye al humano, pero sí ofrece una plataforma más segura y controlada para experimentar. En ese sentido, este desarrollo plantea una nueva etapa en la investigación médica, donde la frontera entre lo biológico y lo artificial se vuelve cada vez más estrecha.
