La imagen de cientos de mangos deteriorándose bajo el sol en zonas agrícolas de Trinidad, en la provincia de Sancti Spíritus, ha vuelto a abrir un debate que se repite cada temporada agrícola en Cuba: ¿por qué parte de la producción nacional no llega a los mercados cuando la escasez de alimentos afecta a millones de personas? Fotografías recientes muestran frutas listas para su comercialización que terminaron echándose a perder debido a que el transporte encargado de recogerlas nunca llegó, según denunciaron productores y residentes de la zona.

El problema apunta nuevamente hacia las dificultades históricas de los mecanismos de acopio y distribución agrícola. Durante años, campesinos de distintas provincias han reportado pérdidas por demoras en la recogida de las cosechas. En denuncias publicadas por medios oficiales y otros espacios informativos, productores han explicado que la falta de transporte, combustible y coordinación provoca que alimentos perfectamente aptos para el consumo terminen convertidos en desperdicio. Una agricultora de Santiago de Cuba llegó a afirmar que “nadie paga esos mangos que se pudrieron”, reflejando la frustración de quienes invierten tiempo y recursos para luego perder parte de su producción.

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La situación resulta especialmente llamativa porque Trinidad y otras zonas del sur espirituano han sido históricamente importantes productoras de mango. Informes publicados anteriormente por el diario oficial Granma destacaban que esa región aportaba una parte significativa de la fruta destinada a la industria procesadora y a la elaboración de pulpas para compotas. Sin embargo, más de una década después de aquellos resultados, las dificultades logísticas parecen seguir afectando la capacidad para aprovechar plenamente las cosechas.

El contexto actual agrava aún más el impacto de estas pérdidas. Sancti Spíritus enfrenta problemas de abastecimiento en mercados estatales y retrasos en la distribución de productos básicos. Diversos reportes han señalado que muchas familias dependen cada vez más de vendedores privados y mipymes, donde los precios suelen ser inaccesibles para una parte importante de la población. A ello se suma la crisis de combustible, que ha provocado restricciones en el transporte de pasajeros y mercancías dentro de la provincia, una situación reconocida por autoridades locales.

Mientras las imágenes de mangos descompuestos circulan entre los cubanos, vuelven a surgir preguntas que trascienden una cosecha específica. ¿Cuántos alimentos se pierden cada año por problemas de transporte y gestión? ¿Podrían llegar estas producciones directamente a mercados locales para evitar el desperdicio? ¿Las recientes reformas anunciadas para modificar el funcionamiento del sistema de comercialización agrícola serán suficientes para reducir estas pérdidas? En un país donde conseguir frutas, vegetales y otros alimentos se ha convertido en una preocupación cotidiana para muchas familias, cada tonelada desperdiciada alimenta un debate que continúa abierto.