¿Hasta cuándo aguanta La Habana a oscuras? Reportan cacerolazo en El Vedado tras más de 24 horas sin electricidad.

Vecinos de la calle N, en El Vedado, habrían realizado un cacerolazo la noche del domingo tras permanecer más de 24 horas sin servicio eléctrico, según una denuncia publicada en redes sociales por el periodista Mag Jorge Castro. El hecho se da en medio de una crisis energética que ha generado apagones prolongados en distintos municipios de La Habana y otras provincias del país. Aunque no hay, hasta el momento, un comunicado oficial que detalle ese episodio específico en la calle N, los reportes coinciden con un escenario de déficit de generación que la Unión Eléctrica reconoce en sus partes diarios. La empresa estatal ha informado afectaciones durante las 24 horas y limitaciones causadas por averías, mantenimientos y falta de combustible en unidades de generación distribuida. ¿Puede la rutina de permanecer un día entero sin corriente transformarse en un nuevo punto de tensión para las comunidades capitalinas?

El cacerolazo, una forma de protesta basada en golpear ollas, sartenes u otros utensilios, ha sido utilizado por residentes de La Habana para expresar frustración ante los cortes de energía. En mayo, Reuters documentó concentraciones en varios barrios de la capital, donde grupos de personas tocaron objetos metálicos y reclamaron: “¡Pongan la luz!”. El medio también recogió el testimonio de Rodolfo Alonso, residente de Playa, quien aseguró que su zona había superado las 40 horas sin electricidad. “Empezamos a golpear cazuelas para ver si nos dan aunque sea tres horas de electricidad. Eso es todo lo que queremos”, dijo el trabajador estatal. Alonso añadió que para muchas familias la falta de energía no era un asunto abstracto, sino una urgencia vinculada al descanso, la conservación de alimentos y la atención a adultos mayores.

El escenario reportado en El Vedado se suma a denuncias de apagones en otras áreas de Plaza de la Revolución, municipio al que pertenece ese barrio habanero. Durante el mismo fin de semana, también se informó sobre una manifestación de residentes de El Fanguito, una comunidad cercana, donde decenas de personas habrían salido a la calle para reclamar por la falta de servicios básicos. En julio, vecinos de esa zona bloquearon la avenida 23 después de denunciar más de 48 horas sin electricidad, agua y gas. Las autoridades cubanas no han divulgado un balance público centralizado sobre todos los episodios de protesta reportados por ciudadanos y periodistas independientes en La Habana. Sin embargo, la repetición de reclamos en barrios distintos plantea una pregunta relevante: ¿cómo se organizan las familias cuando las interrupciones eléctricas afectan al mismo tiempo la comida, el agua, el transporte y el sueño?

El Vedado vuelve a la calle: ¿qué pasó en El Fanguito?

Los datos oficiales de la Unión Eléctrica reflejan la magnitud del problema, incluso sin referirse directamente a la protesta de la calle N. En su parte del 27 de agosto, la entidad indicó que el servicio estuvo afectado por déficit de capacidad durante todo el día anterior y también durante la madrugada. El máximo de afectación fue de 1.965 megavatios a las 10:40 de la noche, de acuerdo con ese informe. Para el horario pico, la empresa calculó una disponibilidad de 1.170 megavatios frente a una demanda máxima estimada de 3.200 megavatios, con una afectación prevista de 2.060 megavatios. La Unión Eléctrica señaló además que varias unidades termoeléctricas estaban fuera de operación por averías o mantenimiento, mientras 106 centrales de generación distribuida permanecían detenidas por indisponibilidad de combustible.

La crisis no se reduce a cortes programados de algunas horas, sino que ha incluido desconexiones de alcance nacional. A inicios de agosto, la red eléctrica cubana sufrió nuevas fallas mientras las autoridades trabajaban para recuperar el servicio tras un apagón generalizado. La Unión Eléctrica atribuyó uno de esos colapsos a condiciones meteorológicas adversas que afectaron la red de transmisión durante el proceso de restablecimiento. En julio, Reuters informó que Cuba había sufrido su tercer apagón nacional del año y que, aun cuando se reconectaban territorios desde Pinar del Río hasta Holguín, millones de personas continuaban sin electricidad. Santiago de Cuba, la segunda ciudad más poblada del país, seguía entonces fuera del sistema, según las autoridades citadas por la agencia.

La falta de combustible aparece entre los factores centrales que las autoridades han mencionado para explicar la emergencia. El ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, afirmó en mayo que el país se encontraba en una situación “crítica” y declaró: “No tenemos absolutamente combustible ni diésel”. En esa misma cobertura, Reuters señaló que el Gobierno de Estados Unidos había endurecido las restricciones sobre los suministros de combustible hacia la isla, mientras La Habana ha responsabilizado a las sanciones estadounidenses por el deterioro de la capacidad de generación. El Gobierno cubano también ha señalado las dificultades para importar combustibles en un mercado internacional más caro y con mayores costos de transportación. Por otro lado, residentes consultados por Reuters han mencionado el envejecimiento de las plantas como parte del problema: “Nuestras plantas eléctricas son obsoletas y no hay combustible”, resumió Amauri González desde La Habana.

En medio de esas explicaciones, la vida diaria continúa marcada por el calor, los mosquitos, el deterioro de alimentos y la incertidumbre sobre cuándo volverá la corriente. Irailda Bravo, una habanera de 38 años entrevistada por Reuters durante una protesta en Marianao, explicó que había tenido que dormir fuera de su vivienda por varios días debido a las altas temperaturas. “Tenemos niños pequeños, tenemos que trabajar, tenemos una vida. Necesitamos descansar y no podemos”, expresó. En otros barrios, Reuters observó que el retorno temporal de la electricidad llevó a algunas personas a regresar rápidamente a sus casas para aprovechar el servicio. El reporte sobre El Vedado vuelve a colocar en primer plano una realidad que afecta a miles de hogares: más allá de las cifras del sistema, ¿qué respuesta concreta esperan los ciudadanos tras horas —o días— de oscuridad?