Un joven cubano identificado como Rey Barranco García contó en redes sociales que fue abordado por un agente de seguridad mientras tomaba fotos para su perfil personal en la Plaza de la Revolución, en La Habana. Según el relato difundido, el estudiante de actuación y mensajero había realizado una entrega cerca del lugar y decidió aprovechar su paso por la zona para retratarse frente al obelisco del Monumento a José Martí. Barranco afirma que no habían transcurrido ni cinco minutos cuando el oficial se le acercó para preguntarle qué hacía allí. La historia ha generado debate en redes, pero hasta el momento no se localizó una declaración pública de las autoridades que confirme el incidente, explique el procedimiento aplicado o exponga la versión del agente involucrado.

De acuerdo con la versión del joven, la primera pregunta que recibió fue: “¿Usted es turista o cubano?”. Barranco respondió que era cubano, tras lo cual el oficial habría preguntado si era estudiante y solicitado explicaciones sobre su presencia en la plaza. El joven aseguró que mostró las fotografías que había tomado y comunicó que ya se retiraba del sitio. Estos son testimonios atribuidos a Barranco en la publicación original y no declaraciones contrastadas mediante un informe oficial, por lo que deben entenderse como su relato personal de lo ocurrido.

La Plaza de la Revolución José Martí es uno de los espacios públicos más reconocibles de La Habana y sede habitual de conmemoraciones, actividades masivas y eventos oficiales. La propia administración capitalina ha documentado que el lugar reúne a grandes concentraciones ciudadanas; por ejemplo, informó que más de 600.000 habaneros participaron allí en la movilización del Primero de Mayo de 2025. Su relevancia simbólica y política también supone medidas de organización y seguridad, especialmente durante actividades públicas o visitas oficiales. Sin embargo, las fuentes oficiales consultadas no establecen una prohibición general para que ciudadanos cubanos se fotografíen en la plaza ni detallan reglas públicas que diferencien el uso del espacio según nacionalidad.

La falta de información institucional deja varios puntos sin responder. No se conoce si había alguna operación de seguridad, acto planificado, restricción temporal de acceso o una norma específica que motivara el intercambio descrito por Barranco. Tampoco existe, hasta ahora, una versión oficial que permita saber si el encuentro terminó con una advertencia, una identificación formal o alguna otra acción. ¿Puede una persona tomarse fotografías en un espacio emblemático sin ser cuestionada?, ¿qué protocolos se aplican en áreas de alto valor simbólico?, ¿cómo se comunica al público cuándo existen limitaciones temporales? Aclarar estas cuestiones ayudaría a evitar incertidumbre y versiones contradictorias.

El caso ha llamado la atención porque conecta con algo cotidiano: el deseo de registrar una visita o una experiencia en uno de los lugares más representativos de la ciudad. Barranco relató que las imágenes eran para “su perfil personal”, un detalle que permite entender por qué el episodio despertó comentarios y reacciones entre usuarios que aseguran haber vivido situaciones similares. No obstante, las experiencias compartidas en redes no sustituyen una investigación ni permiten establecer por sí solas una práctica general. La conversación puede centrarse en la necesidad de reglas visibles, procedimientos proporcionales y respuestas oficiales claras que permitan proteger los espacios públicos sin convertir una fotografía cotidiana en una fuente de dudas para quienes los visitan.