British American Tobacco (BAT) completó su salida accionarial de Brascuba Cigarrillos S.A., empresa mixta vinculada a la producción y comercialización de cigarrillos en Cuba, después de vender el 50% que mantenía en la compañía a Tabagest S.A. El acuerdo fue firmado el 19 de diciembre de 2025, aunque su ejecución dependía de autorizaciones formales y de que no surgieran obstáculos regulatorios, de cumplimiento o de otra naturaleza. La operación quedó concluida en febrero de 2026 y, desde ese momento, Brascuba dejó de formar parte de los estados financieros consolidados de la multinacional británica. El hecho pone fin a la participación de BAT en esa empresa, pero no equivale automáticamente a un cierre de la fábrica ni a la suspensión de la actividad comercial de Brascuba. La pregunta ahora es otra: ¿qué cambios tendrá una compañía que continúa operando, pero pasa a estar bajo una estructura accionarial completamente distinta?

La propia documentación corporativa de BAT confirma que Tabagest S.A. era una entidad constituida en Cuba y ya figuraba como inversionista en Brascuba antes de adquirir la parte de la multinacional. En los registros oficiales del Grupo Empresarial Tabacuba, Tabagest define su función como la de “gestionar títulos y acciones dentro del esquema tabacalero” y prestar servicios “contables, financieros y jurídicos” a las entidades que lo integran. Ese mismo portal oficial sitúa a Brascuba dentro de las empresas que participan en los mercados nacional e internacional con productos terminados de cigarrillos, lo que ayuda a precisar que la venta modifica la propiedad, no la existencia legal ni el objeto comercial de la empresa. Tras la transacción, BAT dejó de tener derechos de voto, posibilidad de designar directivos y exposición a los resultados futuros del negocio cubano. Sin embargo, la continuidad productiva, la disponibilidad de marcas y las decisiones de gestión posteriores dependerán de la administración que asuma el control total de la entidad.

La salida tuvo un impacto relevante en las cuentas de BAT antes de que se formalizara la compraventa. En su informe anual correspondiente a 2025, presentado ante autoridades regulatorias de Estados Unidos, la empresa informó un deterioro contable de 231 millones de libras esterlinas y otros 4 millones de libras en gastos asociados al proceso, para un total de 235 millones de libras relacionado con la clasificación del negocio cubano como activo mantenido para la venta. Ese registro contable no debe interpretarse como el dinero pagado por Tabagest ni como una multa, sino como una revisión del valor contable de los activos y pasivos vinculados al negocio antes de su desinversión. BAT explicó que aplicó la norma IFRS 5, que regula el tratamiento de activos no corrientes y operaciones discontinuadas cuando una compañía espera venderlos. El informe también deja claro que la salida se planteó como un desprendimiento del negocio cubano, una decisión que la compañía vinculó a su reorganización financiera y corporativa.

Una vez cerrada la operación, BAT registró durante el primer semestre de 2026 un cargo neto de 12 millones de libras asociado a la disposición de Brascuba. La cifra es distinta al deterioro de 231 millones de libras reconocido en 2025 porque corresponde a una etapa posterior: la contabilización final de la salida tras concretarse la venta. Aunque diversos reportes han mencionado posibles valores de la transacción, los documentos oficiales consultados de BAT confirman el acuerdo, la contraparte, la fecha de cierre y los cargos contables, pero no detallan públicamente en los extractos disponibles el monto final pagado por las acciones. Por eso resulta más preciso afirmar que la multinacional cedió su mitad de Brascuba y salió del negocio cubano, sin presentar como confirmado un precio que no aparece desglosado de forma completa en los documentos corporativos revisados. La cautela importa en un tema donde una cifra financiera puede cambiar la lectura sobre el alcance económico real de la operación.

El caso abre un debate que va más allá de una venta empresarial. ¿Representa esta retirada el cierre de una etapa de inversión extranjera en la industria cigarrera cubana o solamente una reorganización de la propiedad? ¿Podrá Brascuba mantener su presencia en el mercado interno y externo sin el socio británico, o habrá cambios en producción, distribución y estrategia comercial? Hasta ahora, las fuentes oficiales disponibles apuntan a una certeza: BAT ya no consolida a Brascuba en sus resultados ni conserva participación, control o derechos económicos futuros sobre la empresa. A la vez, Tabacuba mantiene a Brascuba en su catálogo institucional como una compañía activa del sector, mientras Tabagest aparece descrita como gestora de participaciones dentro del sistema tabacalero cubano. La operación, por tanto, no anuncia por sí sola el fin de Brascuba; anuncia el fin de BAT como copropietaria y deja abierta la discusión sobre el próximo capítulo del negocio de los cigarrillos en Cuba.