La búsqueda de oro en Las Tunas está bajo la mirada de especialistas por un riesgo que va más allá de la extracción clandestina: la exposición al mercurio utilizado para separar el metal precioso de la tierra. Un reportaje publicado el 10 de octubre por el medio oficial Periódico 26 recoge las advertencias del doctor Alejandro Mestre Barroso, especialista en Toxicología, sobre afectaciones de salud en personas vinculadas a esta actividad y sus posibles consecuencias para las comunidades cercanas. El médico identifica a Jobabo y La Guásima como los lugares donde se observa el mayor impacto del fenómeno, aunque también menciona otras zonas donde habría explotación, entre ellas El Cornito. Su testimonio plantea una pregunta que no puede responderse únicamente con el valor del oro obtenido: ¿qué alcance tiene la exposición y cuántas personas podrían estar en riesgo sin saberlo? Por ahora, la información publicada describe pacientes atendidos y alertas médicas, pero no ofrece un estudio epidemiológico completo que permita determinar la magnitud de la contaminación en toda la provincia.
Uno de los datos más preocupantes del reportaje es la presencia de adultos jóvenes entre los pacientes que reciben atención por complicaciones atribuidas al contacto con este metal. «Estamos recibiendo a jóvenes, de 25 a 30 años, con insuficiencia renal aguda por complicaciones del mercurio», afirma Mestre Barroso, quien añade: «Desde 2024 hemos atendido a más de 25 pacientes». El especialista relata que una de las primeras señales surgió cuando el Hospital de Jobabo solicitó una valoración por un cuadro descrito como un «párkinson raro», y la investigación del historial del enfermo reveló que trabajaba en una mina ilegal. «Nos pareció un párkinson tóxico», explica el médico, una expresión que recoge la sospecha clínica de aquel momento y no debe confundirse con la confirmación de que todos los síntomas similares tienen ese origen. Aunque el entrevistado sostiene que la cifra de pacientes triplica las estadísticas nacionales, la publicación no presenta las tasas, el período de comparación ni la población de referencia necesarios para comprobar esa afirmación de manera independiente.
El procedimiento descrito en las explotaciones combina el lavado de tierra con la incorporación de mercurio para formar una amalgama, una mezcla que permite reunir el oro antes de calentarla y separar ambos materiales. Ese calentamiento libera vapores que pueden ser inhalados, por lo que el peligro no depende únicamente de tocar la sustancia o de observar residuos en el agua. Aquí conviene precisar un aspecto importante: la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la toxicidad del mercurio elemental y la exposición a sus vapores, de modo que no es correcto considerarlo inocuo ni explicar el riesgo diciendo simplemente que la evaporación lo transforma en mercurio inorgánico. Además, cuando llega al ambiente, ciertas bacterias pueden convertirlo en metilmercurio, un compuesto que se acumula en peces y mariscos y puede alcanzar a las personas mediante el consumo de alimentos contaminados. Estas vías explican por qué el problema puede extenderse más allá de quienes extraen oro, aunque las fuentes consultadas no presentan resultados que confirmen los niveles de contaminación de ríos, lagunas o peces concretos de Las Tunas.who+1
Las consecuencias sanitarias tampoco se limitan a una sola enfermedad ni se manifiestan siempre de la misma manera, pues dependen de la forma del mercurio y de las características de la exposición. La OMS documenta posibles daños en el sistema nervioso y los riñones, además de síntomas como temblores, insomnio, pérdida de memoria y alteraciones de las funciones cognitivas y motoras. La Organización Panamericana de la Salud coincide en que el uso de este metal en la minería aurífera artesanal es especialmente peligroso y puede tener consecuencias importantes para las poblaciones vulnerables. En el caso tunero, Mestre Barroso también menciona posibles afectaciones cardiovasculares y trastornos psiquiátricos, pero el reportaje no aporta estudios que permitan atribuir al mercurio cada diagnóstico registrado en Jobabo. Esa distinción resulta esencial para informar con rigor: los riesgos tóxicos están reconocidos por organismos sanitarios, mientras que demostrar qué enfermedades locales fueron causadas por esta actividad requiere evaluaciones clínicas y datos específicos sobre la exposición.who+2
La respuesta descrita hasta ahora incluye la toma de muestras en lugares afectados para enviarlas al Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos y determinar los niveles de mercurio, según lo explicado por el toxicólogo a Periódico 26. El reportaje sitúa la primera alerta provincial en 2024, menciona otras dos durante 2025 y una adicional al inicio de 2026, una secuencia que abre preguntas sobre el seguimiento de las advertencias y las medidas adoptadas para reducir el riesgo. «Es un problema de salud pública que requiere una respuesta inmediata y coordinada», sostiene Mestre Barroso, quien también destaca la importancia de acudir temprano al médico ante la aparición de síntomas. Por su parte, la OMS recomienda eliminar el uso de mercurio en la extracción de oro y promover métodos que eviten la exposición, además de proteger especialmente a embarazadas y niños. Quedan cuestiones decisivas por esclarecer: ¿cuándo se divulgarán los resultados de las muestras, qué comunidades serán evaluadas y cómo se impedirá que la búsqueda de ingresos siga acompañada de una exposición peligrosa para trabajadores y vecinos?who+1
