Estudiantes de primer año de Medicina en Santiago de Cuba y Holguín abrieron un nuevo frente de debate al pedir que se eliminen o reestructuren los exámenes finales integradores, previstos del 29 de junio al 3 de julio. En cartas dirigidas a sus Consejos de Dirección, los alumnos dijeron que quieren “exponer las limitaciones objetivas que actualmente comprometen nuestro rendimiento académico”, una frase que refleja la tensión entre el calendario docente y la realidad diaria que enfrentan. ¿Puede evaluarse con el mismo rigor a estudiantes que han cursado entre apagones, problemas de transporte y menos tiempo real de estudio.
En Santiago de Cuba, la preocupación se centra en que el curso se ha impartido de forma descentralizada y que eso ha reducido la asistencia y el estudio independiente. Los estudiantes sostienen que “la vulnerabilidad en la preparación no es una estimación abstracta” y argumentan que el descenso en las calificaciones parciales demuestra que no están en condiciones de asumir una prueba integradora tradicional. En Holguín, donde aseguran que ha habido días con apenas tres horas de electricidad, el reclamo fue aún más directo: “No existen las condiciones mínimas para enfrentar un examen final integrador con el rigor tradicional”.
Ambas comunidades estudiantiles plantearon dos salidas concretas: que las notas parciales ya realizadas se tomen como calificación definitiva, o que los contenidos del examen se reduzcan solo a lo que sí pudo consolidarse en el aula. También introdujeron un argumento de equidad que resuena fuerte entre los alumnos: “No es justo que primer año sea el único con pruebas finales cuando todos estamos pasando por la misma situación”. La discusión, entonces, no gira solo en torno a aprobar o suspender un examen, sino a si el sistema puede medir con justicia en medio de una crisis que golpea por igual a todo el país.
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La protesta ha provocado respuestas duras en redes sociales, donde no faltaron quienes acusaron a los estudiantes de exagerar o de buscar facilidades. Un alumno de Medicina respondió con una frase que se volvió punto de choque: “Hagan una guardia sin corriente y sin insumos, y después hablamos”. Ese mismo estudiante rechazó que el problema sea el “rigor” y lo ubicó en otro lugar: “No es el rigor de las pruebas, son las carencias y la situación del país”. En su relato aparecen apagones, falta de cobertura, problemas visuales, ausencia de desayunos adecuados e incluso carencias de equipos básicos para la formación clínica.
El trasfondo vuelve a colocar sobre la mesa la crisis energética y sus efectos sobre la educación superior. En mayo, el Ministerio de Educación Superior suspendió las pruebas de ingreso universitario para el curso 2026-2027, reconociendo de hecho que la situación eléctrica complica una evaluación justa, pero esa lógica no ha sido aplicada del mismo modo a los que ya están dentro de la carrera. A eso se suma la suspensión de rotaciones hospitalarias de estudiantes de sexto año en Santiago de Cuba para cumplir entrenamiento militar obligatorio, otro elemento que alimenta el malestar. La gran pregunta que queda es si las autoridades optarán por ajustar la evaluación a la realidad o si mantendrán un esquema que muchos alumnos consideran imposible de afrontar con normalidad.
