Una tragedia marcó la mañana del jueves 6 de agosto de 2026 en Remedios, Villa Clara, luego de que los rescatistas recuperaran los cuerpos sin vida de las dos últimas personas atrapadas tras el derrumbe parcial de la estructura de la ESBEC “La Uno”, una antigua escuela secundaria básica en el campo que llevaba años abandonada y con avanzado deterioro. El accidente ocurrió alrededor de las 4:30 de la tarde del miércoles 5 de agosto, cuando parte de la edificación colapsó y dejó inicialmente a tres personas atrapadas entre los escombros, según informó de manera preliminar la prensa oficial. En las horas siguientes, los equipos lograron rescatar con vida a una de ellas, que fue trasladada a un hospital, pero las labores para llegar a los otros dos se extendieron durante toda la noche y culminaron con el hallazgo de sus cuerpos en la mañana del jueves. ¿Qué hacía gente en una estructura abandonada y cómo se llegó a un colapso de estas dimensiones?

En el lugar operaron de manera coordinada equipos del Ministerio del Interior (MININT), el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja y unidades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), además de autoridades políticas y gubernamentales de la provincia y el municipio, que supervisaron las acciones de rescate y despeje. Los reportes oficiales indican que, en ciertos momentos, los rescatistas mantuvieron comunicación con una de las personas atrapadas, a la que incluso pudieron suministrarle agua mientras avanzaban los trabajos para abrirse paso entre los restos de concreto y varillas. Las operaciones se prolongaron con apoyo de un grupo electrógeno para iluminar la zona del desastre y permitir la continuidad de los trabajos durante la noche, en un escenario descrito por algunos medios como de “alta complejidad”. Familiares de los afectados permanecieron en el sitio siguiendo de cerca el desarrollo de las operaciones, mientras el sistema de Salud mantenía activados todos los protocolos y recursos para la atención inmediata de posibles lesionados.
El edificio colapsado corresponde a la antigua ESBEC No. 1 de Remedios, una de las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo construidas durante la década de 1970 y que, como muchas instalaciones similares en Cuba, llevaba años abandonada y con un avanzado deterioro estructural. Hasta el momento de redactar las primeras informaciones, las autoridades cubanas no habían explicado qué provocó el colapso parcial de la estructura ni si el inmueble presentaba problemas constructivos previos, tampoco se ofrecieron detalles sobre la identidad de las víctimas ni sobre qué hacían en el lugar. Algunos medios señalaron que los atrapados eran oriundos del cercano municipio de Caibarién, pero no se precisó si se trataba de trabajadores, jóvenes o personas que accedieron al lugar por cuenta propia. La ausencia de una explicación clara sobre las causas del derrumbe alimenta la pregunta de si existían advertencias previas sobre el estado de la edificación y por qué no se tomaron medidas para evitar el acceso o demoler de manera controlada la estructura.
El caso de la ESBEC “La Uno” no es un episodio aislado: en los últimos años, varios derrumbes de edificios en Cuba han puesto en evidencia el deterioro acelerado de la infraestructura en un contexto de falta de mantenimiento, escasez de materiales y dificultad para ejecutar obras de rehabilitación a gran escala. En este incidente, la movilización de más de un centenar de efectivos y la presencia de las máximas autoridades locales reflejan la gravedad del suceso, pero también dejan abierta la discusión sobre la prevención y la gestión del riesgo en edificaciones que, por su estado, deberían estar clausuradas y señalizadas de manera permanente. ¿Es posible seguir conviviendo con un parque de edificios escolares y públicos que se caen a pedazos sin que haya una política clara de inspección, reparación o demolición? ¿Cuántos “próximos derrumbes” están por ocurrir si no se actúa de manera preventiva?
La tragedia de Remedios cierra, por ahora, con dos muertos confirmados y una persona rescatada con vida, pero abre un debate que va más allá de este caso concreto: el del estado de las estructuras abandonadas en Cuba y la responsabilidad de las instituciones en garantizar que no se conviertan en trampas mortales. Mientras las familias lloran a sus seres queridos y la comunidad intenta procesar lo ocurrido, queda la expectativa de que las autoridades ofrezcan una explicación detallada sobre las causas del colapso y las medidas que se tomarán para evitar que se repita. Porque, más allá de las labores de rescate y los comunicados oficiales, la pregunta que permanece es: ¿cuántas otras “ESBEC La Uno” hay en la isla, esperando su propio colapso?
