Cientos de incendios forestales activos en Canadá y en partes del oeste de Estados Unidos han cubierto nuevamente los cielos de grandes ciudades con una densa nube de humo, transformando los horizontes urbanos en paisajes casi irreconocibles. En lugares como Thunder Bay, en la provincia de Ontario, el cielo se tiñó de naranja y la visibilidad cayó de forma notable, mientras el humo cruzaba fronteras y se desplazaba hacia el noreste de Estados Unidos.

El impacto se ha sentido con fuerza en urbes como Toronto y Nueva York, donde la combinación de humo y calor extremo ha llevado a las autoridades a emitir advertencias por mala calidad del aire y condiciones “peligrosas” para la salud. En Nueva York, la bruma provocada por incendios canadienses redujo la visibilidad y generó imágenes de rascacielos envueltos en un velo grisáceo, a pocos días de eventos masivos como la final del Mundial 2026 en la ciudad.

Los avisos de calidad del aire se han multiplicado en diferentes jurisdicciones, desde Ontario hasta estados como Michigan, Minnesota y Colorado, donde los departamentos de salud pública han pedido limitar actividades al aire libre y permanecer en espacios cerrados cuando el humo es intenso. En algunos casos, se ha recomendado a la población más vulnerable —personas mayores, niños y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardíacas— que busquen refugio en lugares con sistemas de filtrado de aire adecuados.
Especialistas y organizaciones de salud subrayan que el humo de incendios forestales no solo afecta la visibilidad, sino que contiene partículas finas y gases que pueden penetrar profundamente en los pulmones y agravar problemas cardiovasculares y respiratorios. La American Heart Association, entre otras entidades, ha difundido pautas para reducir la exposición, como cerrar puertas y ventanas, usar purificadores de aire, limitar el esfuerzo físico al aire libre y utilizar mascarilla en zonas donde la contaminación es más alta.
Detrás de estas escenas que recuerdan a películas de ciencia ficción, los expertos señalan el aumento de la frecuencia y la intensidad de los incendios forestales asociado al cambio climático y a condiciones de sequía, altas temperaturas y vientos fuertes. Alertas de “bandera roja” por riesgo extremo de fuego han alcanzado a millones de personas en varios estados de EE. UU., mientras Canadá sigue registrando cientos de focos activos, muchos de ellos fuera de control, lo que hace prever que la bruma sobre las ciudades podría repetirse y prolongarse.
