“¿Golpe logístico o escalada sin freno? Ucrania apunta ahora a petroleros rusos en el mar de Azov.”.
Drones ucranianos atacaron una docena de petroleros rusos en el mar de Azov durante la noche del jueves, en una operación que Kiev presenta como parte de su esfuerzo por cortar el suministro de combustible a las fuerzas rusas y aislar Crimea. Según el Estado Mayor ucraniano, las naves dañadas servían para abastecer al ejército ruso y para mover petróleo y derivados con el fin de eludir sanciones internacionales. El Ministerio de Defensa de Ucrania añadió que, en apenas cuatro días, se alcanzaron 36 buques en el mar de Azov y el mar Negro, incluidos 32 petroleros de la llamada “flota en la sombra”. ¿Se trata de una ofensiva estratégica para debilitar la logística rusa o de una nueva fase que puede empujar aún más la guerra?
La acción también tuvo un fuerte componente simbólico por su relación con Crimea. Kiev sostiene que los barcos atacados intentaban llevar combustible a la península ocupada por Moscú, una zona que ya enfrenta escasez de hidrocarburos y estado de emergencia por problemas de abastecimiento. El ministerio ucraniano afirmó que “todos intentaban entregar combustible a Crimea”, lo que coloca al transporte marítimo en el centro de una guerra de desgaste cada vez más enfocada en la infraestructura energética. Esa presión sobre la ruta marítima busca no solo interrumpir el flujo de combustible, sino también encarecer cualquier intento ruso de sostener su presencia en la península. ¿Puede una campaña de drones cambiar el equilibrio de una región tan dependiente del combustible?
Moscú, por su parte, reconoció daños en el mar de Azov, aunque sin ofrecer una versión extensa de lo ocurrido. El gobernador de Rostov informó que dos buques cisterna fueron atacados, y que ambos sufrieron daños mecánicos e incendios, uno de los cuales fue sofocado después. Según las autoridades rusas, durante la noche también se derribaron más de 20 drones ucranianos en la zona. En paralelo, el Ministerio de Defensa de Rusia aseguró haber destruido 73 drones de ala fija sobre once regiones, Crimea y el mar de Azov. La brecha entre ambas narrativas vuelve a mostrar la dificultad de verificar de forma independiente cada impacto en una guerra donde ambos bandos compiten por controlar el relato.
La ofensiva no se limitó al mar. Durante la misma noche, drones ucranianos golpearon depósitos de petróleo en Tver y Stávropol, según autoridades regionales y el presidente Volodímir Zelensky. En Tver, el gobernador en funciones, Vitali Koroliov, dijo que “se incendió uno de los depósitos de la empresa Tverskaya Neftebaza durante un ataque de drones”, aunque afirmó que no hubo víctimas civiles. En Stávropol, Vladímir Vladímirov reportó un incendio en una instalación industrial de Vyázniki que alcanzó depósitos de combustible y obligó a evacuar a vecinos cercanos. Zelensky confirmó esos ataques en redes sociales y los atribuyó al Servicio de Seguridad de Ucrania, subrayando que las instalaciones estaban a unos 500 kilómetros del frente. ¿Está Ucrania ampliando su radio de acción para atacar cada punto vulnerable de la cadena energética rusa?
La lista de objetivos ucranianos apunta a una estrategia más amplia que combina energía, transporte y logística militar. Según Kiev, los petroleros atacados formaban parte de la flota que mueve combustible para las fuerzas rusas y también para operaciones comerciales que buscan esquivar sanciones. En esa misma lógica, Zelensky mencionó además una terminal de carga de petróleo y una estación de bombeo en Ufá, situada a casi 1.500 kilómetros de la frontera. El mensaje es claro: no solo se golpean refinerías o depósitos, también los nodos que permiten que el combustible llegue al frente y a Crimea. ¿Puede una guerra moderna sostenerse si la retaguardia empieza a quedar expuesta de forma sistemática?
Esta ofensiva llega en un momento en que Crimea ya acusa la presión de la escasez. Las autoridades de la península declararon el estado de emergencia por la falta de hidrocarburos, lo que convierte al suministro en un problema militar y también cotidiano para la población. En ese contexto, atacar petroleros en el mar de Azov no solo busca dañar material de guerra, sino también cortar la respiración logística de un territorio clave para Moscú. La guerra se está moviendo cada vez más lejos del frente visible y más cerca de los sistemas que hacen funcionar la ocupación y el abastecimiento. ¿Estamos viendo una táctica de presión inteligente o el comienzo de una guerra de desgaste todavía más dura?
