Claudia Sheinbaum confirmó que decidió asistir a la final del Mundial 2026 después de recibir una invitación personal de Donald Trump durante una llamada telefónica, cuando en principio no pensaba viajar. La mandataria explicó que su vuelo comercial fue cancelado por las tormentas en Nueva York y que, para llegar a tiempo, usó una aeronave de la Secretaría de la Defensa Nacional. Ya en el estadio, conversó brevemente con Trump, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, y funcionarios estadounidenses, en un encuentro que también sirvió para tocar temas comerciales ligados al T-MEC.
La presidenta describió la reunión como cordial y subrayó la coordinación entre México, Estados Unidos y Canadá en la organización del evento. Más allá del fútbol, la escena dejó ver cómo un partido de alto perfil puede convertirse en espacio de diplomacia y diálogo entre gobiernos. ¿Fue solo una visita protocolaria o una señal de que la relación entre los tres países atraviesa un momento clave?
El contexto no fue menor, porque la final reunió a figuras políticas y deportivas de alto nivel, lo que amplificó cualquier gesto o conversación. Sheinbaum además destacó que la presencia de los mandatarios de las naciones anfitrionas tenía un valor simbólico importante para el evento. En ese sentido, su asistencia terminó teniendo una lectura doble: deportiva por la final y política por el momento de negociación comercial que se abre con la revisión del T-MEC.
