La escalada entre Washington y Teherán se intensificó en los dos últimos días con bombardeos estadounidenses contra objetivos militares iraníes y respuestas iraníes contra bases de Estados Unidos en el Golfo. Según autoridades iraníes, los ataques de Estados Unidos dejaron al menos 14 muertos y 78 heridos en cinco provincias, mientras que Washington aseguró que sus operaciones buscaban castigar violaciones al alto el fuego y degradar la capacidad militar iraní.
De acuerdo con la información difundida por medios internacionales hasta este 9 de julio de 2026, el Comando Central de Estados Unidos afirmó haber golpeado alrededor de 90 objetivos militares iraníes, incluidos sistemas de defensa aérea, radares costeros, depósitos de misiles, drones e infraestructura logística. Irán, por su parte, respondió con ataques contra instalaciones estadounidenses en Kuwait y Baréin, ampliando el riesgo de una confrontación directa más amplia.
El origen de esta nueva ola de ataques está en la disputa por la navegación en el estrecho de Ormuz, después de que Estados Unidos acusara a Irán de atacar tres buques mercantes en esa zona estratégica. Washington respondió restableciendo sanciones petroleras contra Teherán y revirtiendo la relajación temporal de algunas restricciones comerciales, un movimiento que endurece todavía más el pulso entre ambos países.

El impacto económico ya empieza a sentirse en los mercados, que reaccionaron con nerviosismo ante el riesgo de interrupciones en el flujo de energía global. El estrecho de Ormuz es una vía por la que, antes de la guerra, transitaba cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado consumidos en el mundo, por lo que cualquier bloqueo o ataque sostenido puede empujar al alza los precios del crudo y complicar la estabilidad financiera internacional.
Hasta este 9 de julio de 2026, la cobertura internacional en DW, CNN, El País y otros medios coincide en que la tregua alcanzada semanas atrás quedó severamente debilitada y que el escenario se acerca a una guerra de desgaste sin una salida inmediata a la vista. Por ahora, el mensaje dominante en los mercados es de cautela: cualquier nuevo ataque o represalia podría disparar aún más el precio del petróleo y agravar la incertidumbre geopolítica global.
