Las conversaciones previstas para este viernes entre Estados Unidos e Irán en el complejo de Bürgenstock, cerca de Lucerna, eran el primer paso para convertir en realidad un memorando que busca frenar la guerra en Oriente Medio. La cita incluía también a Catar y Pakistán como mediadores y debía servir para arrancar la aplicación práctica de un texto de 14 puntos firmado digitalmente el 17 de junio por Donald Trump y Masoud Pezeshkian. Ese documento abrió un plazo inicial de 60 días para negociar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones y asuntos regionales como el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz o el alto el fuego en el Líbano. ¿Qué significa que justamente la primera reunión técnica haya quedado suspendida a última hora, cuando el calendario apenas empezaba a correr?
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El propio texto del memorando, divulgado por Washington y confirmado por Teherán, habla de la “terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano”. También compromete a ambos países a “respetar la soberanía e integridad territorial del otro” y a abstenerse de recurrir a la fuerza directa o indirectamente. A cambio, Estados Unidos se ofrece a levantar progresivamente las sanciones, desbloquear activos iraníes congelados y poner sobre la mesa un fondo de reconstrucción de al menos 300.000 millones de dólares para reparar los daños de la guerra. Irán, por su parte, “reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares” y acepta gestionar su uranio enriquecido bajo supervisión del OIEA, manteniendo el statu quo de su programa mientras se negocia el acuerdo final. ¿Cómo encaja este marco, que insiste en la desescalada y las garantías, con la nueva ofensiva israelí en el sur del Líbano que Teherán señala como detonante de la suspensión?
Desde el lado iraní, funcionarios citados por medios internacionales han dejado claro que la ofensiva en territorio libanés viola tanto el espíritu como la letra del memorando, donde Líbano y el alto el fuego en todos los frentes aparecen desde el primer párrafo. Para Teherán, no tiene sentido sentarse a negociar la aplicación de un acuerdo que promete frenar la guerra mientras, sobre el terreno, se producen operaciones militares que consideran incompatibles con lo firmado. La diplomacia iraní ya había avisado de que el frente libanés era tan importante como el paquete nuclear o las sanciones, de ahí que el texto mencione explícitamente ese escenario. ¿Está Irán usando la suspensión como herramienta de presión para forzar a Washington a contener a sus aliados, o es un aviso de que la ventana de oportunidad es más frágil de lo que sugerían los 60 días acordados?
Washington, en cambio, ha puesto el acento en problemas prácticos, no en una ruptura política deliberada. La Casa Blanca comunicó que el vicepresidente JD Vance posponía su viaje a Suiza por razones “logísticas”, insistiendo en que la delegación estadounidense “estaba lista para viajar” y que la organización de este tipo de negociaciones “nunca ha sido sencilla ni predecible”. “Nuestro plan es ir a Suiza; no sé exactamente cuándo”, afirmó Vance, subrayando que la fórmula elegida exige la participación de los líderes políticos de ambos países en la fase técnica. Mientras tanto, Trump ha descrito el memorando como un texto “no definitivo” y ha llegado a advertir que “si Irán no se comporta, volverán a lanzar bombas”, lo que añade un tono de presión y ambigüedad al compromiso de paz. ¿Hasta qué punto esos mensajes condicionan la confianza iraní en un proceso que ya nació rodeado de desconfianza mutua y décadas de sanciones y amenazas cruzadas?
Suiza, que hasta ahora había presentado el Bürgenstock como sede de las primeras reuniones para aplicar el acuerdo, confirma oficialmente que la cita de este viernes queda aplazada, después de días en los que incluso se habló de una ceremonia pública que finalmente fue descartada cuando el texto se firmó de forma digital. El Ministerio de Exteriores suizo señala que la reunión entre Estados Unidos, Irán y los mediadores Pakistán y Catar se ha pospuesto, sin ofrecer una nueva fecha ni más detalles de agenda. En la práctica, la combinación de la retirada iraní y el no viaje de Vance deja las conversaciones de este fin de semana anuladas, justo cuando debía arrancar el reloj de los 60 días hacia un acuerdo definitivo. ¿Estamos ante un simple tropiezo que se corregirá en las próximas semanas o ante la primera señal seria de que el intento de cerrar la guerra y el contencioso nuclear puede descarrilar antes de despegar del todo?
