China elevó este martes el tono frente a Estados Unidos al defender públicamente su relación con Cuba y calificar de infundadas las críticas de políticos estadounidenses a la cooperación entre Pekín y La Habana. Según el pronunciamiento difundido por la Embajada china en Cuba, Washington actuaría desde una lógica “hegemónica”, con prejuicios de Guerra Fría y una visión de América Latina como espacio bajo su tutela. La declaración responde a la presión estadounidense sobre los vínculos militares, tecnológicos y económicos de Cuba con China y Rusia, en un momento de tensión creciente alrededor de la isla.
El discurso chino tiene un fundamento reconocible: ningún país debería aceptar que otra potencia decida con quién puede comerciar, desarrollar infraestructura o mantener relaciones diplomáticas. La Doctrina Monroe, invocada por Pekín como referencia histórica, resumió durante casi dos siglos la pretensión de Washington de ordenar el hemisferio según sus intereses. Las sanciones estadounidenses contra Cuba, endurecidas o reajustadas por sucesivas administraciones, agravan las dificultades de acceso a financiamiento, combustible, pagos internacionales y tecnología. Una política exterior de izquierda coherente no puede ignorar que el bloqueo estadounidense castiga de forma real a la población y limita el margen económico de la isla.
Pero la defensa de la soberanía cubana no debería convertirse en una coartada para el silencio sobre la crisis interna. Pekín describe su cooperación como abierta y legítima; La Habana suele presentar esos acuerdos como prueba de resistencia y respaldo internacional. Sin embargo, el ciudadano que pasa horas sin electricidad, paga precios crecientes por alimentos o depende de remesas para sostener el hogar no puede medir la utilidad de una alianza por el volumen de declaraciones diplomáticas. La pregunta práctica es otra: ¿qué parte de los créditos, inversiones, donaciones, tecnologías y proyectos anunciados se traduce en generación eléctrica estable, transporte funcional, producción nacional o medicamentos disponibles?
China es uno de los principales socios políticos y económicos de Cuba y su presencia ha ganado relevancia en sectores como energía, telecomunicaciones y tecnología. Esa relación podría ser una oportunidad para modernizar infraestructuras deterioradas, reducir la dependencia del combustible importado e impulsar alternativas renovables. Sin embargo, el patrón conocido en Cuba obliga a cautela: se anuncian convenios, se inauguran proyectos y se celebran visitas oficiales, pero la información pública sobre montos ejecutados, condiciones financieras, empresas beneficiadas, plazos y resultados concretos suele ser insuficiente. La opacidad no protege la soberanía; protege a quienes administran decisiones que deberían poder ser evaluadas por la ciudadanía.
En los medios oficiales cubanos revisados este 1 de septiembre no aparece una cobertura específica del nuevo cruce entre China y Estados Unidos. Granma concentró su agenda en el inicio del curso escolar, mientras Cubadebate publicó contenidos políticos y nacionales sin una nota identificable sobre este pronunciamiento chino. En cambio, portales independientes y de la diáspora como CubaNet y CiberCuba resaltaron el choque diplomático y la dimensión estratégica de la cercanía entre ambos gobiernos. Esa diferencia editorial también importa: si la alianza con China es tan decisiva para el país, ¿por qué sus términos, riesgos y beneficios no se debaten con mayor transparencia dentro de Cuba?
La disputa entre Washington y Pekín confirma que Cuba vuelve a ser leída como pieza de un tablero ajeno, a menos de 200 kilómetros de Estados Unidos y con necesidades urgentes que ninguna potencia resolverá por altruismo. Rechazar el bloqueo y cualquier pretensión de tutela estadounidense es indispensable; exigir cuentas al Gobierno cubano y a sus socios sobre el destino de la cooperación también lo es. ¿Podrá una alianza estratégica ofrecer mejoras comprobables en la vida diaria? ¿O la rivalidad entre grandes potencias seguirá aportando titulares, mientras el país permanece sin respuestas suficientes para sus problemas más básicos?
