El Mundial 2026 no solo pasará a la historia por ser el primero organizado por tres países —Estados Unidos, México y Canadá— y por estrenar un formato de 48 selecciones y 104 partidos; también será el torneo más lucrativo que haya gestionado la FIFA. Según las proyecciones financieras del organismo, los ingresos del ciclo 2023-2026 rondarán los 10,900 millones de dólares solo por la Copa del Mundo, con estimaciones externas que elevan la cifra total del cuatrienio hasta los 19,000 millones de dólares. Esto implica un salto de al menos 56% respecto a Qatar 2022, que dejó alrededor de 7,000 millones de dólares, y algunos análisis hablan de incrementos de hasta 70% si el negocio se acerca a los 13,000 o 14,000 millones por el torneo.
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El motor principal de este crecimiento siguen siendo los derechos de transmisión. En la Copa de Qatar, la FIFA ingresó unos 3,400 millones de dólares por venta de derechos audiovisuales; para 2026, el organismo espera superar los 4,200–4,300 millones, un aumento cercano al 24% y un nuevo récord histórico. A esto se suma el empuje del mercado estadounidense —el más grande del mundo en publicidad y TV— y de la audiencia latina en la región, que convierte al torneo en un producto especialmente atractivo para cadenas como Telemundo, que ya se presenta como la casa oficial del Mundial 2026 en español, con cobertura de los 104 partidos anunciados. La pregunta es si esta escalada en el valor televisivo puede seguir creciendo al mismo ritmo en futuros ciclos.
El segundo gran pilar de ingresos está en los patrocinios globales. Para Qatar 2022, la FIFA reportó alrededor de 1,800 millones de dólares por acuerdos comerciales con marcas asociadas al torneo; para 2026, proyecta alcanzar unos 2,800 millones, lo que supone un aumento cercano al 59% y otro máximo histórico. El atractivo de un Mundial extendido a tres países y con más equipos implica más sedes, más activaciones de marca y más ventanas comerciales. En paralelo, la venta de entradas y la hospitalidad corporativa podrían ser el verdadero “salto cuántico”: de unos 950 millones de dólares en ingresos de matchday en 2022 se pasaría a una cifra que algunos análisis sitúan en torno a los 3,000 millones para 2026, triplicando prácticamente el negocio asociado a taquilla y paquetes VIP.
Buena parte de esta explosión económica se explica por la expansión del formato: de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos, es decir, 40 encuentros adicionales para vender entradas, patrocinios, publicidad y derechos de TV. Más fechas de competición significan más noches de audiencia, más ciudades involucradas y más turistas moviéndose entre sedes de Estados Unidos, México y Canadá, lo que multiplica las oportunidades de negocio para la FIFA y sus socios. Algunos estudios señalan que la actividad económica vinculada a los estadios en 2026 podría acercarse, en términos agregados, a la suma de las últimas seis ediciones, aunque la cifra exacta aún dependerá de cómo evolucione el torneo y del comportamiento del consumo en un contexto económico mundial cambiante.
El resultado es un Mundial que rompe todos los techos conocidos: más equipos, más partidos y, sobre todo, más dinero. Con ingresos proyectados por encima de los 10,900 millones de dólares —y un techo potencial cercano a los 14,000 millones según algunos análisis—, el torneo de 2026 perfila a la FIFA como una de las organizaciones deportivas con mayor capacidad de generación de recursos del planeta. Sin embargo, también deja abiertas varias preguntas: ¿hasta qué punto este modelo ultracomercial es sostenible para jugadores, hinchas y ciudades sede? ¿Cuánto del beneficio regresará realmente al desarrollo del fútbol de base y cuánto se quedará en el nivel más alto del negocio? El Mundial que se jugará en Norteamérica no solo será un experimento deportivo, sino también una prueba de hasta dónde puede llegar la industria del fútbol cuando decide crecer en todas sus dimensiones al mismo tiempo.
