Un árbitro de la Copa Mundial quedó en el centro de la polémica tras ser acusado de hacer un gesto asociado al “White power” durante la transmisión del partido entre Alemania y Curazao. Se trata del australiano Shaun Evans, integrante del equipo de videoarbitraje (VAR), quien fue enfocado por las cámaras en la sala de revisión antes del encuentro, cuando aparentemente formó con su mano una señal similar al gesto de “OK” invertido. La imagen se viralizó rápidamente en redes sociales y dio paso a acusaciones de racismo y llamados a que fuera retirado del torneo.
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El gesto en cuestión, con el pulgar y el índice formando un círculo y los otros tres dedos extendidos, tiene una doble lectura: por un lado, es un símbolo común de aprobación (“OK”) y, por otro, ha sido apropiado por grupos de extrema derecha como señal de supremacismo blanco. Organismos como la Anti-Defamation League (ADL) lo incluyeron en 2019 en su lista de símbolos de odio, aunque también subrayaron que su interpretación depende mucho del contexto. En este caso, la organización antidiscriminación Fare, que trabaja con la FIFA en temas de derechos humanos, afirmó que, según sus especialistas, el gesto “se asemeja claramente a un símbolo de ‘White power’ utilizado por grupos de extrema derecha a nivel mundial”.

La FIFA confirmó que estaba al tanto del incidente y, según informó BBC Sport, solicitó explicaciones al propio Evans sobre lo ocurrido. Mientras el tema ganaba fuerza en redes sociales y en la prensa, el organismo evitó comentarios inmediatos, pero su Comité Disciplinario abrió una revisión del material audiovisual para determinar si había habido una vulneración de su Código Disciplinario. Paralelamente, el llamado “watchdog” de discriminación del Mundial pidió que el árbitro fuera apartado de la competición mientras se aclaraban los hechos.

Finalmente, la FIFA informó el lunes que “no encontró evidencia de que el asistente de VAR Shaun Evans hubiera infringido el Código Disciplinario” y decidió no tomar medidas disciplinarias. “El Comité Disciplinario independiente de la FIFA puede confirmar que, tras analizar el asunto, no se hallaron pruebas de violaciones al Código Disciplinario”, dijo el organismo en un comunicado. Evans, por su parte, negó de forma categórica que su intención fuera enviar un mensaje racista o político: “Quiero aclarar que no hice de forma intencional ningún gesto o símbolo para comunicar un mensaje, afiliación, juego o creencia de ningún tipo”, declaró.

El árbitro sostuvo que el movimiento fue “un tic involuntario” y que no se dio cuenta de lo que estaba haciendo en ese momento, agregando que imágenes posteriores del partido muestran que repitió el mismo movimiento mientras sostenía un bolígrafo entre los dedos. “Por supuesto, entiendo cómo se ha interpretado el gesto y lamento esto; sin embargo, quiero ser muy claro al decir que no hice conscientemente el símbolo que se sugiere”, añadió, al tiempo que calificó arbitrar en la Copa Mundial como “el mayor honor” de su carrera. Pese al cierre formal del caso por parte de la FIFA, la situación abre un debate más amplio: ¿cómo deben actuar las organizaciones deportivas cuando un gesto puede leerse tanto como símbolo cotidiano como de odio?, ¿hasta dónde llega la responsabilidad de los árbitros y figuras públicas en cuidar su lenguaje corporal en un contexto global y tan sensible como un Mundial?