Cientos de migrantes, entre ellos cubanos y personas procedentes de países de Centroamérica, salieron el 20 de agosto desde Tapachula, en el sur de México, como parte de la caravana denominada “Sueño Sin Fronteras”. El grupo busca llegar inicialmente a Ciudad de México y, posteriormente, continuar hacia estados del centro y norte del país, donde esperan encontrar oportunidades laborales y avanzar en sus trámites migratorios. Reuters informó que la movilización reúne principalmente a personas de Centroamérica y Cuba que llevan meses aguardando respuestas en procedimientos de migración y asilo. La salida vuelve a poner en primer plano una pregunta que afecta a miles de personas: ¿cuánto tiempo puede sobrevivir una familia sin documentos, empleo estable ni condiciones dignas mientras espera una resolución?
La caravana reúne a cerca de 800 personas de alrededor de diez nacionalidades, según el reporte de EFE publicado por Pulso. Entre los participantes hay migrantes de Cuba, Haití, Honduras, Guatemala, El Salvador, Colombia y Venezuela, además de familias con menores que avanzan con mochilas, bolsas y botellas de agua. Muchos permanecían varados en la frontera con Guatemala, mientras otros llegaron a Tapachula después de ser deportados desde Estados Unidos. La movilización busca presionar para que sus solicitudes sean atendidas y puedan regularizar su estatus en México, pero también intenta visibilizar la falta de opciones para sostenerse en la ciudad fronteriza.
Los testimonios recogidos reflejan que las razones para caminar no se reducen al deseo de llegar a Estados Unidos. Denisse Zacarías, migrante hondureña, explicó: “En lo personal quiero llegar a Monterrey, allá dicen que hay mucho trabajo y hay más oportunidades para poder avanzar”. Añadió que su propósito es trabajar, enviar recursos a su familia y establecerse legalmente en México. Un migrante cubano deportado de Estados Unidos, de 62 años, describió su situación con una frase contundente: “Yo vengo de Estados Unidos, a mí me deportó Trump, tengo 62 años y estoy ‘secuestrado’ en Tapachula”. Sus palabras reflejan la frustración de quienes denuncian no tener empleo, alimentos suficientes o papeles para permanecer con seguridad.
La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, conocida como Comar, es la institución encargada de tramitar muchas de las solicitudes de protección de estas personas. Sin embargo, los retrasos administrativos y la concentración de migrantes en Tapachula han llevado a numerosos solicitantes a considerar el traslado hacia otras regiones. Organizaciones locales citadas por Reuters estiman que más de 60.000 migrantes están varados en el sur mexicano, a la espera de procesos migratorios o de asilo. El contingente es seguido por corporaciones de seguridad estatal y personal del Instituto Nacional de Migración, y sería el quinto grupo que abandona Tapachula en lo que va de 2026.
El contexto ha cambiado para quienes antes veían a México solo como una escala rumbo a Estados Unidos. El endurecimiento de las restricciones migratorias estadounidenses ha hecho que más personas contemplen establecerse en territorio mexicano, aunque la falta de documentos y empleos formales sigue siendo un obstáculo decisivo. Algunos cubanos consultados por EFE dijeron que desean trabajar y esperar cambios en la política estadounidense antes de intentar continuar su ruta, mientras otros priorizan llegar a ciudades mexicanas con mayor actividad económica. La marcha de “Sueño Sin Fronteras” no garantiza una respuesta rápida, pero expone una realidad concreta: detrás de cada caravana hay personas que buscan regularización, seguridad y una manera de sostener a sus familias.
