Thiago Lacerda y Jorge Perrugoría

Jorge Perugorría y el brasileño Thiago Lacerda integrarán el elenco de Hotel Nacional, una coproducción de España, Brasil y Cuba dirigida por el argentino Diego Corsini. El proyecto, presentado en el Foro de Coproducción y Financiación de Iberseries & Platino Industria, prevé comenzar su filmación en La Habana a inicios de 2027. Cinescalas, TVZero e i4films figuran entre las compañías productoras, mientras el ICAIC aparece como respaldo local para la realización.

Perugorría interpretará a Rubén, un cantinero de 60 años que ha pasado más de tres décadas detrás de la barra del Hotel Nacional. Lacerda será Bruno, un hombre brasileño que llega a Cuba tras la muerte de su esposa cubana. La trama incorpora también a Pilar, una médica española de visita en la capital. Los tres personajes coinciden en el bar del hotel y construyen vínculos atravesados por pérdidas, culpas y conversaciones que rompen el anonimato turístico.

La elección del Hotel Nacional no es casual. El inmueble funciona como una de las postales más reconocibles de La Habana y como espacio privilegiado dentro de la economía turística estatal. En la película, sin embargo, el hotel promete ser más que una fachada: Rubén vive solo después de la muerte de su esposa y de la salida de sus hijos al extranjero. Esa familia dispersa conecta la ficción con una experiencia reconocible para miles de hogares cubanos, donde la emigración ha dejado cuidados repartidos, ausencias prolongadas y vínculos sostenidos a distancia.

Corsini ha reconocido que rodar en Cuba será complejo por la situación del país, aunque confía en fuentes alternativas de energía, vehículos eléctricos y la capacidad de adaptación de la población. Esa formulación merece una lectura crítica. La “adaptación” suele presentarse como virtud colectiva, pero en la vida diaria también significa resolver apagones, transporte irregular, escasez y pérdida de tiempo productivo. Convertir esa resistencia en un elemento pintoresco puede ocultar el costo desigual que pagan trabajadores, estudiantes y familias con menos acceso a divisas.

La producción llega además en un contexto donde el cine cubano enfrenta restricciones materiales y una creciente dependencia de coproducciones, fondos externos y circuitos internacionales. El apoyo del ICAIC y de la administración del hotel puede facilitar permisos y logística, pero no elimina la pregunta sobre qué ciudad podrá mostrar la película. La Habana turística, con su bar histórico, sus cócteles clásicos y sus edificios emblemáticos, convive con otra ciudad: la de colas, viviendas deterioradas, salarios devaluados y jóvenes que contemplan la salida del país como horizonte inmediato.

La historia puede ganar fuerza si el Hotel Nacional no queda reducido a una postal elegante para visitantes. El personaje de Rubén ofrece una oportunidad para hablar de envejecimiento, soledad y migración sin convertirlos en simples decorados emocionales. ¿La película logrará mirar la desigualdad que separa los espacios turísticos del resto de La Habana? ¿O la crisis cubana aparecerá solo como atmósfera para una historia íntima?