El comercio entre Suiza y Cuba atraviesa una contracción que ilustra, con cifras pequeñas pero significativas, el aislamiento financiero y la fragilidad productiva de la economía cubana. La Cámara de Comercio Suizo-Cubana, conocida como SwissCubanCham, cuenta hoy con alrededor de 40 empresas asociadas, frente a las 60 o 70 que reunía años atrás, según explicó su presidente, Ursin Mirer, a Swissinfo. La disminución no responde únicamente a una baja coyuntural de ventas: expresa la pérdida de confianza de compañías que encuentran cada vez más difícil cobrar productos, mover dinero y prever si un contrato firmado llegará a completarse.
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El obstáculo central señalado por los empresarios no es la capacidad de emitir una factura ni de obtener una orden de pago de una entidad estatal cubana. El problema aparece después. Mirer resumió la situación con una frase reveladora: los bancos estatales pueden emitir órdenes de pago, facturas o garantías, “pero después, casi nunca” se logra hacer efectivo el cobro. En una economía normal, una garantía bancaria reduce riesgos y facilita importaciones. En Cuba, la garantía pierde valor si no existen divisas suficientes, si la contraparte estatal prioriza otras obligaciones o si la operación queda atrapada en una red de bancos que evita cualquier vínculo con la Isla.
Las cifras comerciales reflejan ese deterioro. Las exportaciones suizas de relojes a Cuba descendieron de 1,4 millones de francos suizos en 2025 a poco más de 357.000 francos durante el primer semestre de 2026. Es un indicador limitado —los relojes no definen las necesidades de la población cubana—, pero muestra el repliegue de un comercio que incluye también productos industriales, farmacéuticos, maquinaria, insumos y bienes de consumo. Cuando disminuyen las operaciones con proveedores europeos, el impacto termina alcanzando a hospitales, fábricas, productores privados y familias que dependen de mercados cada vez más caros y de peor calidad.
El Gobierno cubano suele explicar estas dificultades por el bloqueo estadounidense, las restricciones financieras y la persecución extraterritorial contra bancos y empresas que operan con la Isla. Ese factor es real: la política de sanciones de Washington ha elevado costos, limitado pagos y creado un clima de sobrecumplimiento bancario, en el que instituciones extranjeras prefieren rechazar cualquier operación asociada a Cuba antes que enfrentar posibles multas o controles. Desde mayo, Estados Unidos ha aplicado nueve rondas de sanciones que alcanzaron a 31 personas y 49 empresas cubanas, profundizando la incertidumbre de socios internacionales. La hostilidad financiera no protege a los cubanos: encarece medicamentos, alimentos, tecnología y crédito.
Pero el reportaje de Swissinfo sitúa el problema también dentro de Cuba: una economía dominada por el Estado, con escasez crónica de divisas y poca capacidad para cumplir pagos. Esa parte no puede ocultarse detrás de las sanciones. Las empresas extranjeras no solo evalúan riesgos políticos externos; observan demoras, opacidad en las cuentas, mecanismos de pago frágiles y la falta de garantías operativas. La promesa estatal de atraer inversión queda debilitada cuando un proveedor debe esperar indefinidamente por el dinero de una mercancía ya entregada. Ningún país puede sostener importaciones esenciales bajo un modelo que normaliza el impago.
La reducción de SwissCubanCham afecta además a sectores que necesitan inversión y tecnología. Para emprendedores privados, cooperativas y empresas estatales, menos relaciones comerciales significan menos proveedores, menor capacidad de negociación y precios más altos. Para trabajadores y consumidores, el efecto se traduce en piezas que no llegan, talleres que paran, medicamentos que escasean y alimentos que encarecen. La economía cubana no solo tiene un problema de acceso a divisas; tiene un problema de cómo se asignan, cómo se administran y qué prioridad reciben las necesidades sociales frente a otros gastos.
El caso suizo desmonta dos relatos cómodos. No basta decir que Cuba no comercia porque Estados Unidos la bloquea, ni afirmar que todo se explica por ineficiencia doméstica. Las sanciones agravan el cerco financiero, mientras la falta de transparencia, liquidez y reglas confiables termina expulsando incluso a socios dispuestos a negociar. ¿Cómo atraerá Cuba inversión si no puede garantizar pagos y operaciones bancarias previsibles? ¿Cuándo se informará con claridad qué deudas existen, cómo se priorizan y qué sectores sociales terminan pagando el costo de esa crisis?
