Pablo Neruda y una muerte sin cierre: ¿la justicia chilena podrá resolver el caso 53 años después?
A 53 años de la muerte de Pablo Neruda, la investigación judicial sobre las circunstancias de su fallecimiento sigue sin una conclusión definitiva. El poeta chileno, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1971, murió el 23 de septiembre de 1973 en la Clínica Santa María de Santiago, apenas 12 días después del golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet. La versión oficial de la dictadura atribuyó su muerte a las complicaciones de un cáncer de próstata. Sin embargo, testimonios posteriores, peritajes científicos y decisiones judiciales han mantenido abierta la posibilidad de una intervención de terceros. ¿Murió Neruda por el avance de su enfermedad o fue víctima de un crimen político en los primeros días del régimen militar?
Rodolfo Reyes, sobrino del poeta y abogado querellante en la causa, sostiene que las evidencias reunidas permiten considerar que hubo homicidio. “Las pruebas están y la justicia tarda”, afirmó al recordar que la investigación se extiende desde hace unos 15 años. Reyes dijo que existen “evidencias contundentes” de que la muerte de Neruda fue provocada por agentes del Estado, aunque esa afirmación representa la posición de la familia querellante y no una sentencia judicial. El caso se reactivó en 2012 tras las declaraciones de Manuel Araya, antiguo chofer y ayudante del escritor. Araya aseguró que Neruda le contó haber recibido una inyección sospechosa en la clínica, una versión que impulsó la exhumación y el análisis de sus restos.

La investigación científica ha girado en torno a la detección de Clostridium botulinum en restos óseos y dentales de Neruda. Esta bacteria puede producir toxina botulínica, una de las sustancias biológicas más peligrosas para los seres humanos. Los análisis de expertos internacionales concluyeron que la bacteria estaba presente en el cuerpo del poeta antes de su muerte y que no se trataba de contaminación ocurrida después del entierro. Sin embargo, los especialistas no pudieron determinar de manera concluyente si la cepa encontrada produjo toxina mortal ni establecer con certeza cómo llegó al organismo de Neruda. Esa diferencia es decisiva: detectar una bacteria potencialmente peligrosa no equivale, por sí sola, a probar judicialmente un envenenamiento intencional.
Reyes afirma que la cepa Alaska E43 de Clostridium botulinum encontrada en los análisis era mortal y que fue administrada al poeta. “Ya en el año 2017 los peritos extranjeros establecieron que la bacteria clostridium botulino Alaska E 43 encontrada en sus osamentas fue un mortal veneno”, declaró. No obstante, publicaciones científicas y reportes sobre los paneles forenses han señalado que los expertos no lograron concluir si la cepa hallada fue la causa de muerte ni si fue introducida deliberadamente mediante una inyección, alimentos contaminados u otra vía. La investigación debe separar las afirmaciones de los querellantes de lo que la evidencia científica y judicial permite probar. La duda central no está en que la bacteria fuera detectada, sino en si tuvo un papel causal en la muerte de Neruda y en quién, de existir un delito, sería responsable.
La ministra en visita Paola Plaza ha dirigido diligencias para esclarecer el caso y solicitó consultas complementarias a laboratorios de Canadá y Dinamarca, así como a los llamados metaperitos. En febrero de 2024, la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó reabrir la investigación al considerar que aún quedaban medidas útiles para avanzar. La resolución revocó un cierre previo y solicitó, entre otras diligencias, un análisis caligráfico del certificado de defunción, una revisión global de los estudios científicos extranjeros y nuevas declaraciones de especialistas. Esa decisión confirma que la justicia chilena no ha dado por agotadas las posibilidades de esclarecer lo ocurrido. Sin embargo, la reapertura del expediente tampoco significa que se haya determinado un asesinato ni que existan responsables formalmente condenados.
El contexto histórico explica por qué la hipótesis de un crimen sigue siendo tan relevante para la familia y para parte de la sociedad chilena. Neruda era escritor, diplomático, exsenador, militante comunista y una figura política de gran influencia. Tras la muerte del presidente Salvador Allende y el asesinato de Víctor Jara, su voz podía adquirir un peso simbólico enorme dentro y fuera de Chile. El poeta tenía previsto viajar a México para denunciar internacionalmente los primeros actos de la dictadura, según antecedentes citados en el expediente y por sus representantes. Para Rodolfo Reyes, Neruda era uno de los últimos grandes símbolos públicos vinculados a la Unidad Popular que permanecían con vida en aquellos días.
La historia de Pablo Neruda no puede reducirse únicamente a la duda sobre su muerte, aunque el caso mantiene una importancia histórica y judicial indiscutible. Autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra y Canto general, dejó una obra que forma parte del patrimonio literario en español. Resolver las circunstancias de sus últimos días supondría no solo aclarar un expediente, sino contribuir a la búsqueda de verdad sobre las violaciones de derechos humanos cometidas tras el golpe de 1973. La ciencia puede aportar piezas esenciales, pero la decisión final dependerá de la valoración judicial de los peritajes, documentos y testimonios. Después de más de medio siglo, la pregunta que acompaña al caso continúa abierta: ¿habrá pruebas suficientes para que la justicia establezca, de manera definitiva, cómo y por qué murió Pablo Neruda?
