El Gobierno de Cuba adoptó este fin de semana una medida inédita al cancelar la transición al horario normal de invierno y decretar la vigencia ininterrumpida del horario de verano en todo el territorio nacional hasta el 7 de noviembre de 2027. La disposición, anunciada mediante una nota informativa conjunta del Ministerio de Energía y Minas y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, anula el tradicional retraso de los relojes programado para el primer domingo de noviembre. Con esta resolución de alcance estatal, la isla permanecerá durante los próximos doce meses en el huso horario UTC-4 (cuatro horas menos respecto al Tiempo Universal Coordinado), rompiendo el ciclo anual habitual que alternaba estacionalmente con el estándar UTC-5. La decisión responde directamente a la profunda crisis electroenergética que golpea a la nación con extensos apagones diarios.

Las autoridades fundamentaron la extensión del horario estival como una estrategia técnica de contingencia para atenuar la sobrecarga en el Sistema Eléctrico Nacional. Según las estimaciones oficiales difundidas por la cartera energética, mantener una hora adicional de luz solar en las tardes evitará un incremento de la demanda de aproximadamente 126 megavatios durante el horario pico vespertino, franja crítica donde coinciden el uso de iluminación artificial y la cocción de alimentos. El informe estatal atribuyó el severo déficit de generación a la escasez de combustible importado, las constantes averías de las obsoletas termoeléctricas y las restricciones financieras derivadas de las sanciones estadounidenses. Con este ajuste de huso horario, el gobierno busca aprovechar al máximo la luz natural para mitigar el colapso del servicio eléctrico.
Para amortiguar los efectos de iniciar las actividades cotidianas en penumbra durante los meses de invierno, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dispuso una reorganización general de las jornadas laborales y estudiantiles. Las entidades públicas, centros escolares e instituciones de servicios deberán retrasar sus horarios habituales de entrada y salida, adaptando los turnos para que los ciudadanos no se desplacen a oscuras en horas de la madrugada. El comunicado institucional garantizó que estas modificaciones en los turnos de trabajo no implicarán ningún tipo de reducción salarial para los trabajadores cubanos. La medida pretende compatibilizar las necesidades del ahorro energético nacional con la seguridad ciudadana y la movilidad del transporte público en un contexto marcado por la escasez de combustible.

La cancelación del cambio de hora generó un intenso debate ciudadano tanto en las calles como en las plataformas digitales. Diversos sectores de la población y analistas independientes manifestaron escepticismo sobre la efectividad real de la medida, señalando que la retención del horario estival no resuelve el déficit estructural de generación ni garantiza una reducción tangible de los cortes eléctricos que superan las veinte horas diarias en muchas provincias. Asimismo, padres de familia expresaron preocupación por las complicaciones logísticas que supondrá coordinar las rutinas escolares con las jornadas de trabajo. Las reacciones populares en redes sociales reflejan cansancio social ante una emergencia energética que condiciona cada aspecto de la vida diaria.
Hasta este 25 de octubre de 2026, la decisión de mantener el horario de verano posiciona a Cuba en una situación atípica en el hemisferio occidental, al desalinearse temporalmente de los husos horarios tradicionales del este de Norteamérica durante el invierno. Las administraciones provinciales y las direcciones de educación han comenzado a publicar los cronogramas específicos de apertura para centros laborales y docentes a partir del próximo mes. Mientras el país se prepara para operar bajo este régimen horario extraordinario durante todo un año, la ciudadanía y los observadores internacionales permanecen atentos al impacto práctico que tendrá este ajuste en la estabilidad del suministro eléctrico de la isla.
