Un cargamento de ayuda humanitaria financiada por Estados Unidos llegó este miércoles al Aeropuerto Internacional Juan Gualberto Gómez, de Varadero, y marcó el inicio de la distribución en la provincia de Matanzas. El envío está dirigido a 18,200 familias de la diócesis matancera seleccionadas por su situación de vulnerabilidad, y será entregado directamente por Cáritas Cuba, las parroquias y voluntarios. La asistencia incluye módulos con alimentos básicos y artículos de higiene personal, pensados para responder a las carencias más urgentes de hogares con dificultades para acceder a la comida y al agua. La noticia cobra especial relevancia porque la entrega se realiza sin la participación de estructuras estatales, un esquema que Washington ha defendido como la forma más directa de que los recursos lleguen a la población.

Según la información difundida por Cáritas, la primera fase beneficiará a 700 de las 2,100 familias previstas en la Vicaría Nuestra Señora de la Caridad, que abarca comunidades como Unión de Reyes, Bolondrón, Güira, Alacranes, Bermejas y Cabezas. Los beneficiarios fueron identificados previamente por voluntarios de la organización católica, con prioridad para adultos mayores de 60 años, personas con discapacidad, enfermos crónicos, embarazadas, madres lactantes y niños menores de cinco años. También se contempla a quienes enfrentan mayores obstáculos para conseguir alimentos o agua potable. Esta selección busca que la asistencia no se reparta de manera general, sino que llegue primero a los hogares considerados más expuestos ante la crisis económica y la escasez.

El programa forma parte de un paquete de 100 millones de dólares anunciado por el Departamento de Estado de Estados Unidos para apoyar de forma directa al pueblo cubano. De ese total, 60 millones están siendo canalizados a través de Cáritas Cuba con el respaldo logístico de Catholic Relief Services (CRS), mientras que el resto se administra mediante otras organizaciones independientes. CRS compra los productos en Estados Unidos y los envía a la isla; luego, Cáritas se encarga de la entrega mediante su red parroquial y visitas a los hogares. El Departamento de Estado explicó que el primer vuelo de este programa, realizado en julio, contenía kits de alimentos e higiene para hasta 700 familias cubanas.state+1

La colaboración entre Estados Unidos y la Iglesia católica cubana no surge de un día para otro. Comenzó tras el paso del huracán Melissa, cuando se destinaron 9 millones de dólares en apoyo directo a la isla, y luego se ampliaron los envíos con 3 millones y 6 millones de dólares adicionales. En mayo, Washington anunció su intención de destinar 100 millones de dólares a asistencia humanitaria, de los cuales 60 millones pasarían por Cáritas. El obispo Hernández Ruiz explicó que los recursos responden a necesidades identificadas como “la inseguridad alimentaria y las dificultades en el acceso al agua”, y subrayó que cada paquete contiene alimentos, artículos esenciales de higiene y suministros para ayudar a las familias a enfrentar problemas relacionados con el acceso y almacenamiento de agua.

Matanzas se suma así a otras provincias que ya han recibido parte de esta asistencia, entre ellas Camagüey, Ciego de Ávila, Cienfuegos, Villa Clara y Pinar del Río. La pregunta que queda abierta es si este mecanismo podrá alcanzar a los miles de hogares que necesitan apoyo en medio de la escasez, o si la magnitud de la crisis superará la capacidad de distribución de las organizaciones religiosas. “No podemos llegar a todos, pero queremos permanecer cerca de los más necesitados”, expresó un representante de Cáritas, una frase que resume el desafío de un programa que promete alivio inmediato, pero que también reabre el debate sobre quién debe controlar y distribuir la ayuda en Cuba.