Shakira en Tom Ford: ¿la invitada eclipsó la colección en París?
Shakira apareció el 30 de septiembre en el desfile de Tom Ford durante la Semana de la Moda de París, mientras continúa su serie de conciertos en Madrid. La cantante colombiana se sentó en primera fila para ver la colección de primavera-verano 2027 creada por Haider Ackermann. El encuentro tuvo lugar en la Place Vendôme, según la cobertura de W Magazine, y figura en el calendario oficial de la Federación de la Alta Costura y de la Moda. Su vestido negro atrajo las cámaras, pero la cita también era la presentación del trabajo de un diseñador con una propuesta propia. ¿Ayuda la presencia de una estrella a mirar la colección o hace que se hable más de la invitada que de la pasarela?
La artista eligió una pieza de la colección preotoño 2026 de Tom Ford. Era un vestido negro de escote en V y espalda descubierta, con tirantes adornados con cristales. El brillo se concentraba en esos detalles, en contraste con las líneas sencillas y el color uniforme del resto del diseño. Shakira no desfiló: asistió como invitada al espectáculo y ocupó un asiento junto a Tate McRae. También coincidió allí con Cynthia Erivo, quien, como McRae, vistió de negro, según W Magazine.
La visita destacó porque Shakira no es una presencia habitual en las primeras filas de las grandes semanas de la moda. Sí había asistido antes a presentaciones de Fendi y Viktor & Rolf, de modo que París no era un territorio completamente nuevo para ella. Esta vez su aparición se produjo durante una pausa entre conciertos de su residencia madrileña. El calendario turístico oficial de Madrid fija doce actuaciones entre el 18 de septiembre y el 11 de octubre en un recinto temporal integrado en Iberdrola Music. Después de la función del 27 de septiembre, la siguiente está prevista para el 2 de octubre, lo que sitúa el desfile parisino entre ambas fechas sin necesidad de suponer cambios en la agenda musical.
Tom Ford presentó su colección el miércoles 30 a las 20:00, hora de París, en un desfile por invitación, según la federación organizadora. Ackermann figura como director artístico de la firma. La colección no se limitó a vestidos de noche: incluyó trajes de corte preciso, prendas de seda y cuero, tejidos de punto y ropa de baño. En la pasarela aparecieron chaquetas en negro, blanco, azul claro y verde oliva, junto a vestidos rojos con aberturas y otros detalles que dejaban parte del cuerpo a la vista. Esa mezcla de sastrería y exposición corporal explica mejor el desfile que reducirlo al vestido de una invitada.
Ackermann explicó a WWD que buscaba una colección con libertad y ganas de arriesgar. Dijo que quería ser «juguetón y quizá un poco más peligroso» y encontrar «una especie de excentricidad» en las prendas. Aunque reconoció que había más desnudez que en trabajos anteriores, rechazó verla solo como provocación: para él expresaba la sensación de «sentirse libre y asumir un riesgo». Al hablar del futuro de la firma, añadió: «Sigamos disfrutando y arriesgándonos más; nos hace sentir bien y vivos». Son palabras del diseñador sobre la pasarela, no una explicación atribuible a Shakira sobre por qué eligió asistir.
La residencia de Madrid forma parte de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour, iniciada en febrero de 2025. Además de los conciertos, el proyecto madrileño incluye Es Latina, una programación de música, exposiciones, cine, literatura, gastronomía y otras experiencias culturales, según la información turística de la ciudad. El sitio oficial de Shakira muestra después una actuación prevista para el 18 de octubre en el Bishkek Arena, en Kirguistán, y otra para el 28 de noviembre en Egipto. Esas fechas ayudan a situar su visita a París dentro de una agenda internacional, pero ninguna fuente consultada indica que exista una colaboración futura con Tom Ford. Por eso sería precipitado interpretar el asiento de primera fila como anuncio de una campaña o de una alianza comercial.
La aparición de Shakira dejó dos historias que pueden contarse a la vez. Una es la de la cantante que, entre dos fines de semana de conciertos, acudió a un desfile con un vestido de la propia casa. La otra es la de Ackermann, que mostró una colección donde la sastrería convive con siluetas más atrevidas. Las crónicas y las imágenes permiten describir ambas, pero no medir con rigor si una «eclipsó» a la otra ni afirmar qué pensó el público que vio el espectáculo. La pregunta que abre la conversación, entonces, no necesita una respuesta forzada: cuando una celebridad ocupa la primera fila, ¿en qué se fijan primero los espectadores, en su ropa o en las ideas que pasan por la pasarela?
