La muerte de Isak Andic, fundador de Mango, cayó primero en la categoría de fatalidad en la montaña: el 14 de diciembre de 2024, el empresario de 71 años se precipitó más de 100 metros en la zona de las Cuevas del Salnitre, cerca de Collbató, en Montserrat, mientras hacía senderismo con su hijo Jonathan. Entonces, el caso se archivó como un accidente sin indicios penales, según el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Sin embargo, la investigación dio un giro cuando, tras detectar contradicciones en las declaraciones del hijo, la causa se reabrió y en mayo de 2026 Jonathan fue detenido como sospechoso de homicidio y puesto en libertad provisional tras pagar una fianza de un millón de euros, con retirada de pasaporte y prohibición de salir de España.

El último capítulo lo han protagonizado los audios de las llamadas al 112, difundidos por Catalunya Ràdio en el programa “El matí”, y que ahora se han convertido en pieza central del caso. En esas grabaciones, Jonathan, entre sollozos, exclama: “Necesito ayuda, mi padre ha caído. Estamos en Collbató, ha caído por un barranco, por favor envíen una ambulancia, envíen a alguien”. En otra parte se le oye decir que “no ve” a su padre, que “no responde” y que “lo he visto caer y no puedo acceder a él”, mientras explica que iban camino de las cuevas cuando se produjo la caída. Las llamadas fueron incorporadas al sumario y, según la orden judicial, forman parte de las pruebas que tratan de aclarar si se trató de un accidente de montaña o de algo más.

La clave está en las divergencias de su relato. De acuerdo con la documentación judicial citada por medios como BBC y El País, Jonathan habría ofrecido versiones distintas en las horas y días posteriores al suceso: primero sostuvo que caminaba unos metros por delante y que oyó un ruido de piedras antes de ver el cuerpo rodando; después afirmó que iban juntos, conversando, y que no vio a su padre usar el teléfono, pese a que en una declaración anterior había mencionado que se detuvo a sacar fotos. El juez también subraya otros elementos sospechosos: el lugar donde dijo aparcar el coche no coincide con el real, había visitado la zona al menos tres veces antes de la caída y los análisis de los teléfonos revelan mensajes de WhatsApp con “sentimientos de odio, resentimiento y pensamientos de muerte”, donde Jonathan culpaba a su padre de su situación.

Frente a estas sospechas, la defensa ha intentado girar el foco hacia el contenido emocional de los audios. El abogado penalista Cristóbal Martell lidera la estrategia jurídica y ha aportado peritajes de dos médicos y un investigador privado, además de un video que mostraría una caída accidental previa sufrida por Isak Andic unos diez meses antes de su fallecimiento, para reforzar la tesis del accidente. Francisco Marco, director de la agencia de detectives Método 3, contratada por la defensa, declaró a Catalunya Ràdio que las llamadas reflejan “la desesperación de un hijo que ha perdido a su padre” y no una escena ensayada. Jonathan, por su parte, renunció a su cargo de vicepresidente de Mango y, en una carta dirigida a la plantilla, definió la imputación como “la acusación más seria, injusta e infundada que una persona puede enfrentar”, negando cualquier implicación en la muerte de su padre.

La pregunta que sobrevuela el caso es inevitable: ¿qué peso deben tener unas grabaciones llenas de angustia frente a las contradicciones detectadas por la policía y el juez? Mientras la instrucción sigue abierta, el relato oscila entre dos marcos: el de la tragedia familiar sin testigos en un paraje escarpado y el de una posible violencia en un contexto de relación deteriorada entre padre e hijo, marcada —según el auto judicial— por discusiones económicas y mensajes cargados de resentimiento. Los audios del 112, ahora públicos, acercan al gran público la voz quebrada de Jonathan en el momento crítico, pero será la justicia la que deba decidir si esas llamadas son la prueba de un accidente maldito o un elemento más en un posible homicidio en la cumbre de una de las mayores fortunas textiles de Europa.