Sede de Canal Habana e imagen de marca de la campaña 20 Auténticos

Canal Habana presentó la APK 20 Auténticos y una ampliación de su presencia en Picta como respuesta a las interrupciones de su señal convencional provocadas por los apagones. La iniciativa, divulgada por la Televisión Cubana, permite acceder a programas del canal en vivo o bajo demanda, con la aspiración de que cada espectador reorganice su propio horario de consumo. Más que un simple aniversario institucional, el anuncio retrata una televisión pública obligada a buscar salidas digitales ante una infraestructura eléctrica cada vez más frágil.

La versión oficial describe el proyecto como una adaptación a las nuevas formas de consumo audiovisual. Canal Habana asegura que subirá contenidos como Hola Habana, Habana Noticiero, telenovelas, espacios policiales y otros programas a Picta, mientras la aplicación disponible en Apklis funcionará como repositorio descargable. El discurso enfatiza la modernización, la cercanía con públicos de distintas edades y la preservación de una audiencia acumulada durante dos décadas. Sin embargo, la propia nota admite el punto de partida: las transmisiones radiales y televisivas han sido “limitadas de manera drástica” por la crisis electroenergética.

Ahí aparece la principal contradicción. La digitalización puede ampliar las opciones de consumo, pero no sustituye automáticamente la televisión abierta para quienes padecen apagones prolongados, mala cobertura móvil, escasez de datos o dispositivos con poca batería. Descargar una aplicación, actualizarla, ver videos por streaming o conservar contenidos offline exige teléfono funcional, conexión, saldo y electricidad para cargarlo. Para una parte de la población capitalina —especialmente adultos mayores, hogares de bajos ingresos y personas que dependen de la señal televisiva tradicional— esa “nueva pantalla” puede convertirse en un servicio de acceso desigual.

El anuncio también deja ver una transformación más amplia de los medios estatales cubanos. Durante décadas, la televisión nacional funcionó como espacio central de entretenimiento, información y orientación pública; ahora compite con paquetes digitales, redes sociales, canales de mensajería y plataformas de video que ofrecen contenidos más inmediatos y variados. Canal Habana intenta responder a esa pérdida de centralidad con formatos bajo demanda, pero aún no está claro cuánto margen editorial, presupuestario y tecnológico tendrá para competir en un ecosistema donde los públicos jóvenes consumen cada vez menos programación lineal y demandan mayor interacción.

La búsqueda de financiamiento revela otra arista relevante. El director de Comunicación del canal menciona la posibilidad de patrocinio, publicidad y acuerdos con mipymes y empresas estatales, además de una eventual conversión en Unidad Presupuestada de Contratación Especial. Se trata de un reconocimiento indirecto de los límites del presupuesto público para sostener producción audiovisual, respaldo energético y distribución digital. La idea puede abrir oportunidades para producciones locales y empleo creativo, pero también plantea interrogantes sobre transparencia, criterios de selección y autonomía de los medios públicos frente a intereses comerciales o institucionales.

La aplicación llega, por tanto, como una solución parcial y no como una respuesta de fondo a la crisis que condiciona su nacimiento. Que una televisora se adapte a internet es lógico; que deba hacerlo porque no puede garantizar una transmisión estable por falta de electricidad es el dato político y social más importante. En un país donde los apagones reorganizan el trabajo, el descanso, la alimentación y la comunicación familiar, ¿cuántas personas podrán realmente elegir cuándo y cómo ver televisión? ¿La expansión digital reducirá la brecha de acceso o simplemente trasladará sus costos al bolsillo de la audiencia?