Ed Sheeran perdió casi medio millón de seguidores en Instagram durante la controversia por la salida de Macklemore como telonero de la etapa estadounidense de su gira Loop. La cifra procede de datos de Social Blade recogidos por The Independent: la cuenta del cantante perdió cerca de 150.000 seguidores el 15 de septiembre, otros 150.000 al día siguiente y unos 98.000 el tercero. Para el 23 de septiembre, el medio situaba su cuenta en torno a 47,2 millones, aproximadamente medio millón menos que una semana antes. La caída coincidió con las reacciones a la decisión sobre Macklemore, pero esa coincidencia no permite saber por qué dejó de seguirlo cada persona ni atribuir todas las bajas a una sola causa. ¿Qué puede decir realmente una cifra de seguidores sobre un desacuerdo que va mucho más allá de las redes?
El conflicto comenzó después de que Macklemore actuara los días 4 y 5 de septiembre en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, donde interpretó «Hind’s Hall» y pidió una «Palestina libre». El rapero explicó que una razón para sumarse a la gira era poder pronunciar esas palabras ante públicos numerosos. Tras críticas a sus intervenciones y peticiones para apartarlo, el promotor estadounidense Messina Touring Group anunció el 14 de septiembre que no participaría en las fechas restantes. Según la explicación del promotor, varios recintos habían comunicado que no permitirían conciertos con Macklemore en el cartel, una situación que, de mantenerse, podía afectar a los shows programados y a quienes tenían entradas. Esa es la versión comunicada sobre la decisión; no equivale a decir que Sheeran anunciara personalmente el despido de su compañero.
Las palabras de los implicados muestran por qué el desacuerdo no se reduce a una disputa entre dos músicos. Macklemore llamó a Sheeran su «hermano», pero defendió que «no hay una posición neutral entre el opresor y el oprimido», al explicar por qué decidió hablar de Palestina desde el escenario. Sheeran, por su parte, afirmó que había intentado encontrar una solución y que la decisión de los recintos y del promotor fue definitiva. También dijo que respetaba la convicción de Macklemore para defender sus ideas, aunque él prefería usar su plataforma para «mantener las conversaciones abiertas, no cerradas». Robert Kraft, propietario del Gillette Stadium, sostuvo que la participación del rapero en los conciertos previstos allí cruzaría una línea por contenidos que consideraba ofensivos para la comunidad judía; Macklemore ha insistido en distinguir sus críticas a Israel de una crítica a las personas judías.
La controversia tuvo consecuencias dentro de la propia gira. Después de la salida de Macklemore y de la primera explicación de Sheeran, Aaron Rowe, Finneas, Lukas Graham y Beoga anunciaron que no continuarían con sus actuaciones previstas. Una cobertura publicada el 16 de septiembre ya calculaba que Sheeran había perdido más de 200.000 seguidores, mientras esos artistas y Macklemore habían ganado, en conjunto, más de 1,6 millones; las cifras posteriores elevaron a casi medio millón la caída atribuida a la cuenta de Sheeran. Son mediciones de momentos distintos, no dos recuentos que deban sumarse. El episodio también abrió una pregunta práctica para la gira: ¿cómo mantener conciertos programados cuando los artistas, los recintos y parte del público discrepan sobre lo que puede decirse en el escenario?
Sheeran volvió a referirse al asunto durante su concierto del 19 de septiembre. «He tenido que tomar decisiones difíciles y estoy cometiendo errores», dijo al leer una declaración; también pidió disculpas por decepcionar a sus seguidores. En ese mensaje calificó de horrífico lo ocurrido en Israel el 7 de octubre y de «catastrófico, injustificable y desproporcionado» lo que sucede en Gaza, además de expresar preocupación por la situación en Cisjordania. Sus declaraciones no cerraron el debate sobre Macklemore ni explican por sí solas la pérdida de seguidores, pero permiten conocer su postura con más precisión que un titular o una variación en Instagram. La cuestión que queda abierta es cómo deberían responder artistas, promotores y recintos cuando una actuación musical se convierte también en un espacio de expresión política.
