Camilo suele hablar de su familia y ha dedicado su álbum Para Cuando Sean Mayores a sus hijas, Índigo y Amaranto. Sin embargo, él y Evaluna han decidido no mostrar los rostros de las niñas en las imágenes que publican. En una entrevista con Álex Fidalgo para el pódcast Lo que tú digas, el cantante explicó que compartir aspectos de la crianza no significa decidir por sus hijas que sus caras formen parte de la vida pública. “Nosotros nunca publicamos la cara de nuestras hijas porque sería decidir por ellas que ellas van a ser parte de un asunto al que solamente vas a entrar con gusto si lo decides tú”, afirmó. Su explicación plantea una diferencia: los padres pueden contar su propia experiencia, pero las niñas aún no han elegido qué parte de la suya desean hacer pública.

Mantener ese límite no ha sido tan sencillo como dejar a las niñas fuera de las fotografías. Camilo contó que, cuando alguien se acerca para tomarse una imagen con él y Evaluna, en ocasiones tienen que pedir que Índigo no aparezca. La mayor ya se ha dado cuenta y, según su padre, ha preguntado: “¿Por qué la gente dice que me tapen? ¿Por qué me ocultan?”. Él reconoce que esa situación puede resultar difícil de comprender para ella y comentó, con preocupación por cómo vivirán ambas su infancia, que “van a necesitar terapia en 20 años”. La frase no describe un diagnóstico ni un tratamiento previsto: expresa la inquietud del cantante ante las consecuencias que incluso una decisión tomada para protegerlas podría tener en ellas.

Camilo insistió en que la decisión no busca impedirles una vida pública para siempre. Su intención, dijo, es dejarles la posibilidad de elegir cuando puedan hacerlo por sí mismas. Para ilustrarlo, planteó un futuro en el que alguna prefiera una profesión ajena a los escenarios: “Si una de ellas quiere dedicarse a ser contadora pública y le da la gana de eso, pues quién soy yo para decidir que ella tiene que salir en la tapa de la revista”. Esa idea convive con la presencia de las niñas en su trabajo: son destinatarias de Para Cuando Sean Mayores, un disco que el artista ha descrito como inseparable de su experiencia como padre. En declaraciones recogidas por Europa FM, resumió el vínculo entre ambos papeles así: “Es imposible no hacer una foto de mi rol de paternidad”.

La entrevista también llevó a Camilo a una etapa muy distinta de su carrera, cuando una compañía discográfica decidió no grabar el álbum en el que trabajaban. Según recordó, lo citaron para escuchar unas maquetas y allí le comunicaron: “No vamos a grabar el disco y te vamos a dar la carta de libertad, ya no vas a estar firmado aquí y a propósito nos debes una plata”. El rechazo llegó mientras su padre, Eugenio Echeverry, atravesaba un grave problema de salud que, en ese momento, hizo temer a la familia por su vida. Camilo relató lo difícil que fue darle la noticia en medio de esa incertidumbre. Al mirar atrás, dijo que pensar en aquel joven recién salido de la reunión todavía lo conmueve: “Cuando pienso en ese momento y pienso en ese Camilito, me dan ganas de llorar”.

Los dos asuntos que abordó Camilo —la privacidad de sus hijas y el recuerdo de su propio rechazo profesional— no son la misma historia, pero muestran momentos en los que ha tenido que convivir con la incertidumbre. Hoy puede compartir canciones inspiradas en Índigo y Amaranto sin publicar imágenes de sus rostros; también puede recordar una experiencia dolorosa sin presentar su éxito posterior como si hubiera borrado lo que sintió entonces. Su relato deja abierta una conversación sobre los límites de la exposición familiar cuando los padres son figuras públicas. En este caso, él y Evaluna han fijado uno concreto, aunque admiten que trae preguntas difíciles para su hija mayor. Lo que Camilo defiende, por ahora, es que esa decisión preserve para las niñas la posibilidad de escoger más adelante cómo quieren ser vistas.